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"Que te lo digo" está de pelos

Larry Moe


En el resurgimiento de la farándula que vivimos por estos días, el programa "Que te lo digo" de Zona latina ha jugado un papel gravitante. Se ha transformado ante nuestros ojos y oídos, en exactamente tres meses al aire en esa pantalla, en el primer radioteatro del periodismo de espectáculos chileno. En un ejercicio novedoso, delirante y cautivador.
En un momento dado Sergio Rojas anuncia ampulosamente la llegada de "¡la piraaaña devoradora!", lo que es un guiño para los seguidores del espacio, que saben entonces que él y el resto de los panelistas empezarán a entregar sabrosos pormenores de uno de los temas que están en el candelero informativo de su rubro televisivo.
Lo secundan, diligentes, expresivos y no menos posesionados de sus histriónicos roles, Paula Escobar y Luis Sandoval, conocido mundialmente como "Luchito Lágrima" o en este proyecto, como "el homeless" por una revelación que hizo a raíz de su paso por el "Buenos días a todos" de TVN ("me dijeron que iba a ser el príncipe de la farándula y terminé como un homeless, en la calle").
Ella, entre otras gracias, exclama "¡pi-can-te!" cada vez que algún relato que escucha lo amerita, mientras que él suele vociferar "¡nadie se atrevió a tanto!" también cuando la ocasión lo hace necesario y los tres comienzan a aportar ejemplos con casos atingentes ("¡ni Anita Alvarado se atrevió a tanto!").
Estos inusuales, pero atractivos arrestos lúdicos en nada empañan ni atentan contra el rigor de este efusivo tridente, que en forma sistemática y en todo momento antepone a cualquier especulación o conjetura la búsqueda de un testimonio de las fuentes en juego. Tanto es así que muestran en cámara los particulares interrogatorios que les formulan por WhatsApp a los famosillos locales involucrados en las polémicas del momento (en esos diálogos suelen ser más entradores que argentino con agua en el bote).
De cuando en cuando alternan con ellos invitados como Antonella Ríos, Camila Nash y Yasmín Valdés, sin que ninguna de ellas desentone, sobre todo la expolola de Jotacé.
"Que te lo digo" puede ser acusado de innecesariamente recargado, de alevosamente banal y de agotadoramente estridente, pero sólo por quienes desconocen los adictivos placeres del pelambre y llaman al conserje para quejarse por la fiesta del vecino en lugar de sumarse a ella.
Los que celebramos la ligereza de sangre de "Me late" no podemos sino desearle larga vida a este sucesor, que lo supera con holgura en intensidad y locura de la buena.