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"Lo que encuentran en mi tienda es un estilo, no moda rápida", asegura

Melany Contreras lleva más de 10 años con la tienda que partió con 30.000 pesos

Wilhelm Krause


No tiene problema en reconocer que inició su tienda no tanto por un gusto a vender, sino que más por necesidad. El 2013, Melany Contreras (32), era mechona de química y farmacia, para financiar sus fotocopias y locomoción,  compró treinta mil pesos en anillos en Patronato que se vendieron rápido. "Esos 30 mil pesos se convirtieron en 60 mil y después en 100, iba siempre reinvirtiendo".
En la tienda de Contreras, que lleva una década, el movimiento no para. Tiene una sucursal física en Lastarria, en la que vende prendas de ropa insignes de su propio estilo: una mezcla entre gótico, kawaii, otaku y harajuku. Las redes sociales están potentes, su marido es Mike Milfort, influencer haitiano que inició el movimiento de "Devuelvan el Moai" que apunta al Museo Británico y que a menudo posa con las prendas de Contreras. 
Tiene seis meses de embarazo, ¿sigue ahí al pie del cañón?
"Sí, pero físicamente no vengo mucho. La verdad es que estoy 100% online. Yo ya estoy en el área administrativa, pensando en irme al Barrio Italia, porque este proceso de maternal estoy pensando en hacer algunas modificaciones. Cambiar siempre ha sido algo bueno para mí, cada vez que lo hago suceden cosas mejores".
Su ropa apunta como más a un nicho que a lo masivo.
"Sí, definitivamente, por eso nunca me dediqué a explotar una moda, sino como mantener el estilo de lo que a mí me gusta en verdad, porque en realidad las elecciones de ropa y todo lo que se hace en la tienda es netamente mi estilo, porque yo también soy así. Pienso cada vez que vendo algo, digo, "me lo pondría yo, lo compraría yo", y ahí decido venderlo y exponerlo en la tienda".
No es algo menor llevar diez años en esto. ¿Cuál ha sido su estrategia para funcionar? 
"No tener miedo al fracaso. Nunca vi mi negocio con miedo a que pudiera fallar. Y desde un principio me fue bien. Entonces nunca tuve ese miedo de, uy, si compro esto y no lo vendo, ay, si hago esto y no le gusta a nadie. Al contrario; toda la gente que yo creía que me iba a comprar, me compraba. Lo otro, yo siempre elegí lo que se vendía. Nunca me dejé guiar por las opiniones de otras personas con respecto a lo que yo estaba haciendo".
Su negocio tiene casi 300.000 seguidores en Instagram, pero no siempre los seguidores se traducen en ventas.
"A mí me explotaron las ventas después de la pandemia, ahí fue mi peak de ventas y mayor popularidad, en donde la gente tenía más dinero y compraba más. Ahora tengo más clientes que antes, pero gastan menos, están páginas como Shein y otras tiendas chinas que hacen más competencia, pero, independiente de eso, tengo muchos clientes fieles de años".
En Shein y otras tiendas de moda ultra rápida hay ropa que también es de nicho ¿Les ha quitado mucho clientes?
"Creo que sí. Lo entiendo, porque el concepto de ellos es que todo sea mucho más barato y hay un montón para elegir. Pero lo que más me representa más es poder venir a probarse algo, ver que te va a quedar bien. Nosotros también arreglamos los chokers, cinturones y los arnés, todo es con garantía".
Debe ser complicado.
"Es una competencia bien dispareja, pero en los procesos donde aparecen estas dificultades, uno tiene que volverse mucho más creativo. Yo nunca he vendido moda rápida, tengo un estilo que he mantenido durante estos 10 años y lo que encuentran en mi tienda es un estilo, no moda rápida. Así que ahí es donde yo compito, además hay calidad en los cinturones, que son fabricados por nosotros al igual que los chokers y los arnés". 

 


"Nunca vi mi negocio con miedo a que pudiera fallar"