E ugenia “Kena” Fernández (59), esposa de Harold Mayne-Nicholls, regresó a Chile el martes por la noche luego de una exitosa participación en el Torneo Sudamericano de tenis senior celebrado en Florianópolis, Brasil. La señora del ex mandamás de la ANFP viajó junto a una delegación de 44 mujeres, entre las que destacó la presencia de su madre Carmen Ibarra, ex campeona de Chile durante 15 años.
“El Sudamericano tiene varias categorías: mayores de 30, 40, 50, 60, 65, 70, 75 y 80. Cada país va o intenta ir con tres duplas por categoría. Yo salí tercera junto al equipo de mayores de 60, mientras que mi mamá salió campeona con las de mayores de 80 años. Nos fue súper bien. El torneo duró una semana entera, se hace en una sede distinta cada año”, cuenta Kena Fernández, quien también fue campeona juvenil de Chile en tres ocasiones antes de entrar a estudiar periodismo. Actualmente ejerce como vicepresidenta de la agrupación de tenistas senior del país (@odasetchile).
“Mi suegra es un ejemplo para todos, sobre todo para la juventud. Tomó clases a los 83 años para llegar bien entrenada. No perdió ni un solo set. Ella fue una gran jugadora, campeona sudamericana y estuvo en torneos como Wimbledon o Roland Garros”, le tira flores su yerno Harold Mayne-Nicholls.
Carmen Ibarra nació en Santiago el 12 de diciembre de 1939 y empezó a jugar tenis con apenas diez años. “Su papá era entrenador de tenis. Le decían la Lauchita porque Anita Lizama era la Ratita. Me acuerdo que salía en la portada de la revista Estadio y que ganó la categoría de honor como ocho veces, pero no la dejaban subir a escalafón porque era muy flaquita. Después fue campeona nacional durante 15 años y salió tres veces campeona sudamericana”, relata Kena.
“Es zurda y tiene muy buena derecha. A los 19 años se casó y dejó de viajar a los torneos. Pero me tuvo a mí y a mi hermano José Antonio, quien fue tenista profesional, jugó Copa Davis y fue uno de los entrenadores de Steffi Graff cuando ella jugaba en cancha de arcilla”, añade su hija.
¿Es la primera vez que su mamá se anima a ir a estos sudamericanos senior, Kena?
“No, para nada. De hecho, ha sido campeona cada vez que ha viajado con este grupo. El año pasado no fue porque estaban todos con el tema del Covid, pero ahora se animó. Mi mamá quedó viuda en mayo de 2020, en plena pandemia. Mi papá José, quien también fue tenista, falleció de cáncer. Fue duro quedar viuda, pero resulta que en el tenis ha encontrado todas las amistadas, la sociabilidad y la vida para seguir adelante, competir y participar. Antes de este torneo dijo: voy a entrenar con un profesor. Se lo toma bien en serio”.
¿Cómo es la rutina deportiva de Doña Carmen?
“Juega partidos de dobles, de lunes a viernes, en el Estadio Italiano. Allá todo el mundo la conoce porque es muy simpática y anda riéndose. A veces se queda a almorzar y después en la tarde hace sus otras actividades. También hace un poco de bicicleta elíptica en la casa para mantenerse activa. Come sano, jamás ha tomado alcohol, no fuma. Está en perfectas condiciones”.
Después de su mañana raqueteando en el Estadio Italiano, Doña Carmen se incorpora a la conversación, con la misma sonrisa de oreja a oreja que describió su hija Kena. “La experiencia en Brasil fue maravillosa, sobre todo por haber compartido con mi hija. Imagínese, qué linda compañera, qué más puedo pedir”, dice la leyenda del tenis nacional femenino.
Doña Carmen, ¿podría contar su secreto para mantenerse así de vigente a los 83 años?
“No hay secreto. Juego tenis todos los días, hago un poquito de gimnasia, pero un poquito no más, y me trato de cuidar y comer sanito”.
¿Y no se da algún gustito no tan sano?
“Ah, claro. Como pollito asado o un rico bistec de vez en cuando. Y chocolate.
¿Le gusta mirar el tenis actual por televisión?
“Sí, sí, me gusta mirar los partidos. Me gusta el español Carlos Alcaraz porque es empeñoso, lindo y caballero”.
¿Cuál es el recuerdo más bonito de su etapa dorada en el tenis?
“Cuando jugaba los campeonatos de Chile o Sudamericanos. Otro recuerdo lindo es cuando vino de visita Althea Gibson, la campeona del mundo, a Santiago. Jugamos en el Stade Francais, le regalé un ramo de flores precioso y después fuimos a Zapallar para que conociera”.