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El comediante de 74 años chocó el sábado con una barrera en su Harley Davidson

Esposa de Coco Legrand detalla el accidente que lo tendrá tres meses sin caminar

Magdalena Jullian comenta que a consecuencia del impacto se quebró la tibia de la pierna izquierda.

C erca de las 10:15 de la mañana del sábado se despidieron con un beso y un “nos vemos más tarde”. Su esposa, Magdalena Jullian se quedó en la casa y Coco Legrand se fue en su moto, una Harley Davidson Fat Boy Screaming Eagle, la famosa Gordi, a reunir con su grupo motoquero Los calaveritas para ir a Los Andes. A las 11:00 Magdalena recibió un llamado: el comediante de 74 años había sufrido un accidente en La Pirámide con Américo Vespucio.

Magdalena cuenta con lo que se encontró cuando llegó hasta la clínica Alemana para ver a su herido esposo: “Lo primero que supe era que estaba bien, ya cuando llegué a la clínica Alejandro (nombre de pila del comediante) me contó que iba por la Pirámide, que está en arreglos, y que de pronto por el espejo retrovisor vio un auto que venía soplado. Él iba a una velocidad prudente y se corrió a la derecha para darle paso al gallo que venía rápido. En un segundo se encontró con una barrera, chocó y cayó”.

El resultado de la maniobra dejó a Coco Legrand en el suelo y, como consecuencia del impacto, con la tibia de la pierna izquierda quebrada y la muñeca del mismo lado en iguales condiciones . “A las 19:00 horas del sábado lo operaron de la pierna. Estuvo como tres horas y media en el pabellón. Le pusieron no sé cuántos fierros. El domingo lo dieron de alta y ya está en la casa”, tranquiliza su esposa.

El mismo Coco envió un audio a uno de sus chats motoqueros de WhatsApp para contar de su estado: “Ya me dieron de alta, ahora estoy en mi casa. Ahora tengo una recuperación larga: son alrededor de tres meses que no voy a poder caminar. Pero los voy a resistir y voy a volver a arreglar mi motito para dejarla de primera línea nuevamente. Espero estar muy pronto con ustedes”.

Su esposa agrega que “es bien jodida la recuperación porque el pie izquierdo no puede tocar el suelo. No puede apoyarlo durante tres meses. Así que estará sin caminar. Ya me estoy haciendo de muletas y buscando un silla eléctrica para que se pueda mover más”.

-¿Qué ha pensado estos días, Magdalena?

-Que la sacó baratísima, que fue un accidente tonto. Gracias a dios no le paso nada grave, iba con su casco integral, que quedó hecho añicos por fuera, pero por dentro nada, su traje de motoquero y todo la protección que usan los motoqueros. Además, como su moto es grande, pesa como 250 kilos, tiene una pisadera bien ancha. Fue la pisadera la que tocó la barrera y se hizo añicos, si no la historia sería otra.

-¿Cómo está de ánimo?

-Está bien. La lata es que estábamos listos para volver con un nuevo show ahora que las medidas sanitarias lo permiten; lo tiene listo. Quizás podría hacerlo igual y eso motive su recuperación.


Rodolfo Gambetti

La azotea Zanzíbar se muestra al mundo

No corre mucha agua por el Mapocho, pero entre el follaje de BordeRio asoma, tentadora, la azotea (rooftop) del Zanzíbar. Restaurante que evoca la Ruta de las Especias: el legendario vínculo de Europa con las riquezas de Oriente, con un cúmulo de sabores y aromas que provocaron desde los viajes de Marco Polo y Colón y las historias de las Mil y Una Noches, hasta nuestro innegable entusiasmo por esas comidas intensas.

Hace 20 años Susana Schnell -quien venía de Bélgica y Estados Unidos-, llegó a Chile y encontró que se comía igual en todos los restaurantes: locos mayo, corvinas con alcaparras. Ella formó un público que buscaba renovados estímulos. Juntó ruidosa compaña que bebía Cosmopolitan. Y ahora está en su mejor momento. Tanto, que los Worlds Culinary Awards -en el negocio de la promoción gastronómica mundial-, incluyeron el local para competir en la búsqueda de la mejor azotea, en la oferta de toda nuestra América. Y Tripadvisor lo tiene como la mejor tercera alternativa.

Después de la pandemia un público ansioso redescubrió el Zanzíbar. Tal vez por el excelente delivery que activó. O quizá por el ansia de salir al aire libre. Susana admite que ahora logró buen público al almuerzo. Y hay razones: su cocinero marroquí, Salah Edine, preparó una oferta imperdible. Los mezze, esos sabrosos bocados de hummus, berenjena, falafel, pan pita y salsa yogurt. La sabrosa trilogía del local: empanadas lamu, kebabs de cordero y satay de ave. O los recuerdos de Indochina, nems de Vietnam, camarones sichuan y tártaro de atún o teriyaki. Y té, café y jugos excelentes. Agregue en tragos el Ruibarbo Collins, con gin y pomelo; el Delirium, de maracuyá, miel y espumante. O el Kantal perfect sour, de gin con rica rica. Ponen primavera en la garganta. Después de más de un año de introspección estamos algo preparados para disfrutar de ese deleite personal, intenso, que nos provocan los sabores y secretos del oriente milenario.

Restaurant Zanzibar

E. de Balaguer 6400 Local 6

F. 22218 0118

Vitacura