El pistolero de las cadenas de oro murió disparando
Sandro tuvo feroz tiroteo con carabineros en La Florida
A batido en el taller mecánico donde trabajaba terminó sus días Sandro Ortega Martínez, de 27 años, más conocido en la Villa O’Higgins como El Sandro o El guatón Sandro. Al lado de su cuerpo sin vida quedó tirada su pistola 9 milímetros y un cargador vacío, que minutos antes había vaciado por completo contra un grupo de carabineros que lo persiguió por varias cuadras.
La escena partió en la calle Punta Arenas, donde un motorista interceptó el Chevrolet Corsa blanco que conducía Ortega para tomarle un control de rutina. Sandro, quien tenía una orden de detención pendiente por tráfico de drogas, no se detuvo y escapó a toda velocidad en el auto que él mismo había enchulado.
Reggaetonero, padre de un hijo de tres años y aficionado a llevar cadenas de oro, como lo recordaron sus amigos, Sandro intentó despistar a la patrulla entre los estrechos pasajes de la Villa O’Higgins, donde residía junto a sus padres. Pero la suerte se le acabó en la avenida Santa Raquel, cuando fue embestido por un automóvil. Un testigo contó que “se bajó del auto chocado con la pistola en la mano y disparó al aire”.
Desesperado, ingresó a un almacén, donde encañonó a los compradores antes de subirse al techo. Pese a que su condición no era precisamente atlética, corrió a saltos entre los tejados, recorriendo completo el pasaje Ojos del Salado, hasta llegar a su lugar de trabajo, justo frente a la estación Santa Julia del Metro, donde se parapetó para esperar a los uniformados.
“Fue un ruido terrible, los balazos no paraban”, recuerda una mujer de los departamentos cercanos. En el enfrentamiento el carabinero Freddy Opazo recibió un proyectil en el muslo izquierdo, mientras que su compañero, Guillermo Caballero, fue herido en un brazo. Otros cinco efectivos que se encontraban en un techo que cedió, resultaron con diversas lesiones.
Finalmente el escurridizo fugitivo fue abatido por la policía. Hasta el lugar llegó Angélica Martínez, su madre. “Siempre andaba armado, para protegerse y estaba juntando plata para arreglar su situación judicial”, aseguró la mujer.
Compró revólver en 2.500 pesos
Yapa de 25 balas
Era una ganga y J.A.C., de 15 años, sucumbió ante el ofertón. Por dos mil 500 pesos le compró a un compañero del liceo Mercedes Manosalva, de Angol, un revólver calibre 22, adaptado. El combo incluía 25 municiones.
Al salir de clases el adolescente exhibió el arma en la calle y los transeúntes alertaron a la policía. Lloró al verse detenido y dijo que la había comprado para cazar pájaros en Negrete, donde vive. El fiscal Luis Chamorro le creyó y no presentó cargos, porque le interesa más dar con los vendedores del arma.
“El estudiante estaba asustado. No dimensionó lo que hacía”, dijo el capitán de Carabineros Walter Siefert. “Quedó muy nervioso”, agregó Juan Quijada, director del internado donde pernocta.
Carabinero tuvo que vérselas con 2 pitbulls
Los perros me empezaron a morder la mano
El carabinero Andrés Flores Almonacid fue uno de los que recibió la peor parte en el tiroteo, ya que además de las balas del fugado tuvo que vérselas con dos perros pitbull que salieron del taller. “Recibí un balazo que quedó en el chaleco protector, en la parte del abdomen. Después yo disparé y los perros me empezaron a morder la mano”, relató el uniformado en el Hospital de Carabineros, donde fue curado de sus heridas.