Chileno tuvo en sus manos medallas de Beijing 2008
Mario Ignacio Artaza, diplomático en China
U n chileno tuvo en sus manos las medallas de los Juegos Olímpicos de Beijing, que comienzan el 8 de agosto de este año. Las admiró, les tomó el peso y quedó fascinado con las aplicaciones de jade, pero no se las puso al cuello.
La embajada de Chile en China organizó un encuentro en ese país y las grandes invitadas fueron las únicas tres medallas que están listas y que ya fueron presentadas en sociedad.
Con un buzo deportivo rojo y amarillo, al estilo de los atletas chinos, Mario Ignacio Artaza, director de la oficina comercial de la embajada de Chile, se tomó fotos con la más preciada, con la que todos quieren: la de oro. “Son una verdadera obra de arte”, explica.
-¿Por qué no se las puso al cuello?
-Por respeto. Eso está reservado solamente para quienes las ganen en las competencias.
-¿Se desmayó, le faltó el aire?
-Me sentí sumamente orgulloso, ya que en mis inicios profesionales trabajé como periodista y tuve el privilegio de asistir a algunas de las competencias en los Juegos Olímpicos de 1984, en Los Ángeles, y luego en los Panamericanos de Indianápolis, en 1987. Sé lo que significa representar a Chile.
-Qué estén hechas con cobre chileno es un gran detalle.
-Al tener una medalla colgando en su cuello, el deportista lucirá una parte de Chile cerca de su corazón.
-No se va a perder competencia.
-Tengo ya entradas para el fútbol, la gimnasia olímpica, el tenis y la natación. Me hubiese encantado ir a Hong Kong, donde Chile estará representado en la competencia ecuestre por un equipo del Ejército, que clasificó para la prueba completa. Mi hija, Xaviera, de 9 años, practica equitación desde los cuatro y ya está compitiendo en salto por su club en Beijing.
-¿Usted es deportista o el buzo de la foto es la pura pose?
-Crecí en los Estados Unidos, en donde es casi anormal si uno en el colegio o en la enseñanza media no forma parte de un equipo en algún deporte. Formé parte de equipos de béisbol y de natación. Muchas veces me arrancaba de mi hogar para jugar tenis en las canchas del barrio donde vivíamos en Maryland. Jugaba mucho al tenis y no era nada de malo. Eran los años de Vilas, Hans Gildemeister, del uruguayo Diego Pérez, de “Batata” Clerc, en fin.