Cari festejó los 24 años con asado en su casa y sin Edmundo
Eso sí, el galán le envió un mensaje de texto para saludarla
N ada de celebraciones glamorosas, mozos ni enchulamiento para la ocasión. Calzando un par de jeans gastados, chaqueta de cuero negra, una bufanda celeste al cuello y hasta un sombrero para el frío, Carolina Bastías celebró ayer sus 24 años con un asado en el antejardín de su provisoria morada (aún no le entregan la casa que se compró en La Reina).
Eran pasadas las cuatro de la tarde, cuando el opinólogo de “Intrusos” y amigui de la rubia, Ricardo Cantín, empezó a hacer el fuego con unos trozos de carbón. Todo al son del hit de Chichi Peralta “Te quiero así”, que sonaba en una radio y que él trataba de entonar.
Desde la vereda (una frondosa pared de enredadera separaba el antejardín de la calle), se escuchaba el revoloteo de una niña que en su cabeza tenía un gorro de cumpleaños con un Winnie the Pooh estampado, y a las gemelas Zegers -del reality “La casa”- chachareando con los dueños de casa, un matrimonio amigo de Cari.
A Cari, por cierto, no se le veía ni la punta de la nariz. Hasta que, en un acto quizás impulsado por el jolgorio de la celebración, salió a la calle a copuchar con la prensa.
“Hola, chicos, ¿cómo están?”, dijo amistosa, antes de revelar que el carrete por los 24 había partido en la madrugada. “Salí con mis amigas a Las Urracas. El grupo de Lulú. Tampoco tan pava como para quedarme en la casa”, comentó.
-¿Vienen los chicos reality a saludarte?
-Es que me organizaron esto, no sé quiénes van a llegar. Pero me llamaron para saludarme.
-¿Y Edmundo?
-También me llamó. Me mandó un mensaje con “¡Feliz cumpleaños!”
Bastías además contó que se prepara para el programa de viajes que tendrá en Canal 13 con clases intensivas de inglés. “En el viaje a Francia hablé pésimo, no me ayudó mucho el colegio parece, jajajá”.
-¿“Cámara viajera” o “Wild on” de E!?
- Es que “Wild on” incluye cosas más hot. Esto va a ser más piola. Sexy, pero no cayendo en la vulgaridad.
Chicas Yingo: mucha carne y poco gusto
Luis Pedro Correa
T enía la duda: por qué Joaquín, mi sobrino quinceañero, parecía hipnotizado cada vez que lo llamaba a su casa. “Está viendo Yingo”, me dijo mi hermana para explicar el embobamiento del muchacho. Y eso, que me sonaba de lo más parecido a Sudoku o algo así, resultó ser un monumento a la piel, a la silicona, al agua oxigenada y a dudosos criterios estéticos al momento de vestirse o desvestirse.
No soy cartucho, no. Es atroz ser cartucho y no va conmigo ser atroz. Soy progre. Súper progre, pero no le ando dando el okei a las modas que se me crucen por delante. No. No y no. Criterio, queridas y queridos míos.
Veamos. Lucila Vit, Jocelyn Medina (ayer en el almuerzo todos mis sobrinos se peleaban por ver un video hot de ella) y algunas de sus compañeras físicamente son regias, ya sea por lo que les dio natura o lo que les cobró el cirujano que las operó. Guapas. Todos los atributos que la mayoría de los hombres celebra cuando no está al lado de su madre, su polola o su esposa.
Regias de cuerpo, sí. Seguramente son más atractivas sin el horripilante vestuario que usan cada día. Cero a la izquierda en gusto. Cero al cubo en glamour. Cero infinito en elegancia. Por mucho que el negocio sea mostrar, se puede hacer con distinción. Uff, cómo olvidar el Moulin Rouge, por ejemplo. Una oda al desnudo fino. Al mostrar con estilo. En este caso, no. En “Yingo” y recordando un dicho popular que escuché en una construcción cercana a mi casa, hay mucha carne para tan poco gusto.
Por mucho que el negocio sea mostrar, se puede hacer con distinción.