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El llanto amargo de Chupete Suazo en el infierno de Torreón

Hizo un golazo que clasificaba a su equipo para la final en México, pero le arrebataron la gloria en los descuentos

H umberto Suazo abrió una bolsa llena de agua y la derramó sobre su rapada cabeza. En Torreón había 41 grados a la sombra y de seguro la sensación térmica era infernal.

La imagen era elocuente. El noble líquido vertido significaba un merecido premio para un gladiador, para el hombre de San Antonio que acababa de marcar su décimosexto gol durante el Torneo de Clausura mexicano y que parecía asegurar el paso de Monterrey a la final del campeonato, donde enfrentaría a Cruz Azul.

Luego del 1-1 logrado el jueves en el estadio Tecnológico, donde los Rayados anotaron por medio del mismo Chupete, y jugando con diez hombres, la tarea estaba cuesta arriba. A Monterrey sólo le servía ganar para dejar en el camino a Santos.

Y en ese escenario se plantó Suazo. Primero sufriendo durante toda la etapa inicial. Los locales encerraron a La Pandilla en su portería y sólo la gran actuación de Jonathan Orozco mantenía a su equipo con vida. El chileno se agarraba la cabeza una y otra vez: a los 13 minutos, cuando el zaguero Rafael Figueroa le quitó el balón en el último suspiro, y a los 24, cuando entrando a la media luna se tropezó con la pelota.

Después de una conversación con Ricardo La Volpe, su DT, en medio de un minidescanso para hidratarse, el ex colocolino se reactivó y Monterrey comenzó a ilusionarse con la idea de reeditar el último trofeo de los oriundos de Nueva León, alcanzado en 2003.

A los 53, Jared Borgetti abrió esa esperanza con un remate cruzado que contó con la “ayuda” de Chupete, su socio en ofensiva, quien estaba offside y de alguna manera complicó la estirada del meta de Santos Laguna, Oswaldo Sánchez.

El carnaval asomaba e incluso se hacía más evidente a los 63, cuando Suazo alcanzaba la gloria máxima, luego de un jugadón de José González, el Chícharo, que dejó al delantero chileno presto a anotar. Y no defraudó. La Volpe miraba al cielo y aplaudía; la clasificación estaba muy cerca.

Pero Matías Vuoso a los 77 descontó y dejó la clasificación de Monterrey en vilo. Bastaba un gol de Santos y todo se iba al cuerno. Humberto Suazo, molido por el calor, salió reemplazado por Egidio Arévalo a los 81 y se puso a rezar junto al resto de sus compañeros. Las plegarias fueron insuficientes: un cabezazo de Fernando Arce a los 93’ batió a Orozco. El 2-2 le permitió avanzar a los de Torreón por haber terminado en mejor posición durante la fase regular (segundos contra el octavo puesto de los regiomontanos) y desató el drama para Chupete, que desconsolado se tapaba los ojos para no seguir viendo la historia que lo dejó varado en el camino.

Caían los patos asados

El árbitro detuvo el partido dos veces

Los pronósticos anunciaban 42 grados a la hora del partido, en Torreón, y si bien el mercurio no llegó a lo prometido, pegó en el palo: 41° que devastaron a los jugadores de Monterrey y Santos, que ya en el partido de ida que se jugó de noche en Nuevo León debieron soportar temperaturas sobre los 30°. Tanto fue el calor en la semifinal del Clausura mexicano, que el árbitro Mauricio Morales detuvo el encuentro en dos ocasiones, a los 33 y a los 78 minutos de juego, para que los jugadores pudieran hidratarse y así combatir al inclemente sol.

 
 
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