La avivada de Pinto que hizo ganar a la U
Aprovechó el viento de Rancagua
A penas entró a la cancha del estadio El Teniente, Miguel Pinto sabía bien qué debía hacer si es que ganaba el sorteo de capitanes: elegir que su equipo partiera atacando hacia el sur.
“En los últimos partidos que jugué acá, me di cuenta de que en los segundos tiempos el viento hacia el norte es más fuerte y que había que aprovecharlo. Tenía clarito que debía avivarme”, comentó el portero, que por lo visto en el campo tenía la razón.
Los dos goles con que la U venció ayer a O’Higgins partieron precisamente de dos largos rechazos del arquero que, ayudados por el viento, confundieron a la defensa celeste. En el primer saque fue Manuel Villalobos quien sacó provecho y en el segundo la pelota cayó en los pies de Leonardo Mas, que habilitó a Manuel Iturra y éste a Raúl Estévez, quien anotó.
Como Pinto sabía que tenía harto mérito en esos tantos, el muchacho de Malloco los celebró como propios, corriendo a abrazarse con los reservas que realizaban el calentamiento justo detrás de su arco.
“Lo fui a festejar con todo, pero no la hago más. Me pegaron patadas y me agarraron todo. Al final tuve que salir arrancando, se pasaron”, aseguró el guardameta, que extrañamente ayer brilló más con sus habilitaciones que con voladas, pues O’Higgins no lo exigió tanto como se esperaba.
Tan buena fue la tarde de Pinto que incluso al final del partido un par de pasapelotas rancagüinos le pidió fotografiarse a su lado.
“Tenemos una gran alegría, porque eliminamos a un buen rival y porque estamos más cerca del objetivo de ser campeón. El equipo agarró la regularidad que necesitaba y lo demostramos remontando el marcador en los dos partidos de esta llave”, concluyó Pinto, que al final del encuentro hasta agarró una bandera para festejar.
Por qué no te callas
Jorge Sampaoli, un show aparte
Jorge Sampaoli, el DT de O’Higgins, nunca mira a los ojos cuando habla con un reportero. Prefiere esconder los ojos debajo de la visera del jockey, que no se saca ni siquiera cuando va a misa, menos cuando recrimina al juez de línea Cristián Julio por un grueso error cometido en el primer tiempo.
En este caso, como ayer en el duelo contra la U que terminó a favor de los azules por 2-1, el técnico argentino, una suerte de clon de Marcelo Bielsa -también le dedica horas a repasar videos-, opta por susurrarle al oído un rosario de esos que si uno tuviera que transcribirlos, terminaría poniendo la primera letra y luego muchos puntos suspensivos. Finalmente y acaso con justa razón, Carlos Chandía, el árbitro del partido, termina parándole el carro.
“Me voy orgulloso de mis jugadores. Peleamos de igual a igual con la U en estos dos partidos y sólo nos diferenciamos en la contundencia”, se consolaba ayer Sampaoli, una vez consumada la eliminación de O’Higgins del Torneo de Apertura, con la mirada, claro está, dirigida hacia el piso.
Cerré los ojos y le pegué no más
Otro gol de Manuel Villalobos
La imagen de Manuel Villalobos apuntando con ambos brazos hacia la barra se está haciendo una costumbre para la hinchada azul.
Ayer les dio una nueva alegría a los fanáticos al anotar el empate parcial: “La pelota venía muy rápida y apenas giré intuí que los defensas (Federico Martorell y Roberto Cáceres) se equivocarían. Y así fue. Después cerré los ojos y le pegué no más”.