El nuevo amigo de Pipa Estévez: Se me fue un poco el pie
Roberto Cáceres le regaló al crack de la U el cariñito del año
L os sucesivos “ole” que comenzaban a bajar desde los distintos sectores ocupados por hinchas de Universidad de Chile, en reconocimiento al buen juego que desplegaba el equipo y sobre todo al hecho de que la clasificación a semifinales ya estaba en el bolsillo, de pronto se apagaron bruscamente. El toma y dale en el que participaban Walter Montillo, Raúl Estévez, Marcelo Salas y Marco Estrada sufrió una intempestiva interrupción y rápidamente los gritos de jolgorio fueron reemplazados por un exclamativo “oohhhhh” en el que se fusionaron los fanáticos azules y también los de O’Higgins.
Sin mediar balón de por medio, y amparado en ese viejo código del fútbol de barrio, la ley del “aquí mando yo”, Roberto Cáceres le aplicó una doble patada al rostro y al pecho a Raúl Estévez, digna de una pelea de todo vale, frente al palco oficial. Cual karateca, el zaguero oriundo de Curacaví y que se inició futbolísticamente en el cuadro azul, no encontró mejor forma de frenar el festín fútbolístico de la U que con una acción que perfectamente pudo traerle graves consecuencias al Pipa.
Cáceres, que ya había mostrado algunos signos de fiereza mal entendida en el partido de ida de los playoffs, inmediatamente fue expulsado por el árbitro Carlos Chandía y curiosamente ninguno de sus compañeros se acercó a protestar. Si hasta el mismísimo Carlos Tejas, que protagonizó episodios parecidos en el pasado, lo alejó del lugar de los hechos y lo envió rápidamente a los camarines, cuando se cumplía el minuto setenta y cinco.
“Fue una de las patadas más feas que recibí en mi carrera, si es que no fue la peor”, apuntó todo adolorido Raúl Estévez, que quedó con toda la suela del zaguero tatuada en su zona costal derecha: “¿Si fue mala leche? No me gusta hablar de las intenciones de mis colegas. Pero fue una dura entrada”.
Menos caliente que dentro de la cancha, Cáceres pidió disculpas públicas al delantero argentino, pero en un estilo muy particular. “En esa jugada voy de frente al balón y como me quedó muy adelante, dejé que el pie fuera más allá. No estaba ofuscado, pero me dio rabia que les dimos vida a unos muertos. No había hecho un solo gol en el torneo y contra nosotros hizo tres”, explicó el defensor de O’Higgins.
-¿Pero te arrepientes de la patada, Roberto?
-Le pido disculpas porque igual es un compañero de profesión. La patada no fue de mala leche. Sólo se me fue un poco el pie más allá de lo permitido.
Los cariños de un duro
Azules ya los habían sufrido en la ida
Raúl Estévez no fue el único jugador de la U que enfrentó los rigores en la marca de Roberto Cáceres. El pasado domingo, en el partido de ida, Manuel Villalobos terminó con una de sus orejas totalmente morada producto de un codazo del zaguero, que quedó sin sanción.
Ya en el duelo de ayer, Cáceres atendió de entrada a Leo Mas, con otro codazo, al parecer la especialidad de la casa, en pleno rostro. Por esa acción se ganó la tarjeta amarilla, aunque varios azules le reclamaron a Chandía la roja.
Curiosamente hasta el minuto del patadón, Estévez casi no se había cruzado en el camino del oriundo de Curacaví. Apenas un par de roces y un pequeño choque en el primer tiempo. Lo peor estaba por venir.