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Se mató ex pololo de cajera de Las vacas gordas

Cuerpo fue encontrado por lugareño, cerca de la Ruta 68, con un disparo en la sien y el arma todavía empuñada

T endido boca abajo, oculto por unos arbustos, con un disparo en la sien y con el arma todavía empuñada en su mano derecha, fue encontrado ayer por un lugareño, el cuerpo sin vida de Arnoldo Andrés Lobos Aravena, en una caletera cercana al kilómetro 15 de la Ruta 68. El hombre, de 28 años, era hasta ahora el único sospechoso de haber asesinado de cuatro tiros a su ex polola Carolina Gutiérrez, que trabajaba como cajera en el restaurante “Las vacas gordas”.

El subcomisario de Investigaciones Carlos Albornoz contó anoche que todo indica que Lobos se habría suicidado al mediodía del domingo, horas después de haber dado muerte a Carolina, en Cienfuegos con Alameda, pues el cuerpo tenía una data de muerte de tres días. “Se presume que desde ese sector de Alameda con Cienfuegos, él caminó hasta el lugar donde se suicidó. Se colocó debajo de unos arbustos, se colocó en posición abdominal y se propinó el disparo”, relata el subcomisario.

Lobos vestía la misma ropa con que lo vieron sus vecinos la tarde del sábado y con que lo identificaron los testigos del asesinato de Carolina. Su muerte explica por qué no llegó a instalar, como era habitual, su puesto en la feria el día domingo. De hecho su auto cargado de mercadería todavía está estacionado afuera de su casa.

Anoche, Aldo Gutiérrez, el hermano mayor de Carolina estaba tranquilo. “Esto prueba que no la mató por malo, sino que fue un arrebato del momento. Se dio cuenta de la tontera que había hecho, no aguantó más y se mató”, dijo sin rencor y rememorando lo “caballero y alegre” que era Lobos mientras pololeó con su hermana.

Ayer a la una de la tarde, Manuel, el hermano de Lobos, visitó la casa de Aldo para darle sus condolencias. Fue una conversación franca y sin rencor. Cinco horas más tarde y pese a que hasta ese momento Manuel todavía tenía esperanzas de que Arnoldo fuera inocente, llegó hasta la Ruta 68 para reconocer su cuerpo. “Estaba muy impactado”, relató el subprefecto para quien el caso está resuelto. El arma que empuñaba coincide con la que dio muerte a la joven.

 
 
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