Los pingüinos del 68
Juan Guillermo Tejeda
E n mayo de 1968, hace cuarenta años, se inventó súbitamente lo que hoy entendemos por juventud. El largo del pelo, la corbata obligatoria para ellos y la falda escocesa para ellas, la virginidad adolescente, el quedarse callado cuando un adulto sentenciaba alguna cosa, la enseñanza escolar y universitaria militarizada, la obligatoriedad de ser todos versiones de un mismo molde conservador, los abusos de la policía en contra de las minorías, el trabajo como martirio, todo ello saltó en pedazos primero en París y luego, como un inexplicable reguero, en Praga, en Alemania, en Italia, en México, en Chile. Eran los tiempos de la guerra de Vietnam y de la Cortina de Hierro.
Pero no fueron esa vez los partidos políticos o los obreros los que encabezaban la rebelión, sino que, un poco como los pingüinos que hemos tenido aquí, en el motor de la revuelta estuvieron los jóvenes, especialmente los universitarios.
El “movimiento”, como se le llamó inicialmente, tuvo un aire glamoroso. Los jóvenes querían ante todo recuperar sus cuerpos, secuestrados por las instituciones. Aparecían en el horizonte la marihuana, el amor libre, los Rolling Stones y los Beatles, la minifalda, la estética colorida en contra del gris de los adultos y el negro de los viejos. Fue el primer relámpago de aparición de tribus o movimientos urbanos, algunos de los cuales son hoy parte del paisaje: los panteras negras, las comunas, los hippies, los colectivos gay, las mujeres liberacionistas, los ecologistas, los grafiteros.
Mayo del 68 fue la puesta en valor de la creatividad y del placer. “En los exámenes, responda con preguntas”, decían las paredes, o bien “Prohibido prohibir”. En Chile, ese aire entró con fuerza, provocando el movimiento de reforma universitaria y generando un ambiente de pululación cultural que tomó los caminos del poncho y el charango, o del desnudo teatral, o de la escritura a la norteamericana, gran parte de lo cual convergería finalmente en el allendismo y su fatal cruzada.
Mucho se habla del fracaso del espíritu de mayo del 68, y es verdad que hubo una amplia reacción conservadora. Algunas de las tribus sesentaiocheras degeneraron en células terroristas como la Baader Meinhof en Alemania. Pero en el conjunto de lo ocurrido podemos decir que todo lo que los jóvenes del 68 pedían se consiguió y es parte de la cultura más liberal que hay en la actualidad respecto a la autonomía juvenil, la vida sexual, el manejo de las indumentarias y la imaginación como una parte central y no exótica de la vida. Y, por qué no decirlo, se constituyó desde entonces un amplio mercado o espacio de servicios y productos –zapatillas, mochilas, universidades, películas, juegos, series de televisión, revistas, computadores, viajes, hostales, cómics, pisos compartidos– destinados a esos seres que antes del 68 parecían no existir.
Todo lo que pedían los jóvenes del 68 se consiguió y ahora es parte de la cultura más liberal que hay respecto a los temas de la autonomía juvenil, de la vida sexual, del manejo de las indumentarias y de la imaginación como una parte central y no exótica de la vida.
Libro revela los secretos del dibujo de desnudos
El volumen es obra de los artistas Pedro Millar y Magdalena Vial
“El dibujo está en el comienzo de todo”, sentencia el prestigioso artista y académico Pedro Millar, quien ha unido fuerzas con su colega Magdalena Vial para crear El dibujo de desnudo: visión y concepto , libro en el que ambos analizan los múltiples aspectos teóricos, históricos y prácticos que deben tenerse en cuenta al momento de comprender ese tipo de obras plásticas.
En el volumen, que circula bajo el alero del sello Ril Editores y de la Facultad de Artes de la Universidad Finis Terrae, ambos autores –quienes por cierto ejercen la docencia en esa casa de estudios– recurren a una copiosa documentación y a una nutrida galería de imágenes para explicar los principales términos e ideas que suelen emplearse en la enseñanza del dibujo.
“Este texto es una guía para entender conceptos que hemos usado normalmente al hacer clases en el taller de dibujo de desnudo. Entre esos conceptos, por ejemplo, están el de ritmo, el de tensión y el de estructura, y el problema es que, aunque se usan habitualmente, hasta ahora nadie se había detenido a reflexionar acerca de ellos”, resume Vial.
A lo largo de las 300 páginas del libro –que será oficialmente lanzado el próximo martes, al mediodía, en la casa central de la Universidad Finis Terrae (Pedro de Valdivia 1509)– es posible encontrar breves ensayos relacionados con temas como la línea, el contorno, la proporción, la academia, el movimiento, el escorzo y el claroscuro.
En cada caso se ofrecen abundantes citas de artistas y teóricos de diversas nacionalidades y épocas, acompañadas por láminas donde se reproducen obras de autores como Durero, Matisse, Picasso, Chagall, Schiele y Giacometti, entre muchos otros. Los bocetos de Millar y Vial, así como los de algunos alumnos del taller de dibujo que ambos imparten, también forman parte de la selección.
“Para el grueso del público, el dibujo es sólo una etapa preparatoria de la obra de arte final, pero la verdad es que el dibujo es la base de todo. Ahora, de hecho, los artistas están volviendo al dibujo y a lo manual, después de varios años en los que han estado más concentrados en las nuevas tecnologías, así que este libro, en ese marco, viene a completar una idea que está en el aire”, explica la coautora del estudio.
-Muchos artistas actuales pintan a partir de fotos o trabajan con photoshop. ¿Qué dificultades implica, en el contexto de ese retorno a lo manual que mencionan, el hecho de trabajar con un modelo vivo que posa en el taller?
Vial: -La relación con el modelo es muy distinta, porque hay algo vivo, que se mueve, y eso enriquece la mirada.
Millar: -Claro, el referente fotográfico resulta muy plano frente a lo real. El trabajo con el modelo en el taller, en cambio, permite estudiar todos los problemas que tratamos en el libro, y con ese trabajo de taller también nace la inventiva de cada artista.
Vial: -Exacto, de los croquis salen muchas ideas. Las fotos están ahí siempre, estáticas, mientras que el modelo se mueve y te obliga a dibujar rápido, al punto de que en algunos croquis se nota la desesperación del dibujante.
El nivel más elevado
En El dibujo de desnudo: visión y concepto , Pedro Millar y Magdalena Vial dedican un considerable número de páginas al análisis de la historia del desnudo como tema artístico y a la importancia que ese tema tiene en el ámbito de la plástica actual.
“Cuando estudiamos el desnudo en el taller de una Escuela de Arte, lo hacemos con un supuesto no explícito: que el modelo de todo saber está en el estudio de la realidad (naturaleza). El estudio del desnudo, en su sentido legítimo, aspira a ser el descubrimiento de los principios de la forma artística en su nivel más elevado”, escriben los autores.