Llega a Chile Kidzania, la ciudad en la que los niños juegan a ser adultos
Manejan cheques, eligen oficios y apagan incendios
E l nombre suena algo atarzanado, pero dentro de un año Kidzania será un concepto familiar para los niños chilenos, porque son ellos los amos y señores de este parque de diversiones que simula ser una ciudad donde los pequeños juegan a ser grandes.
En México esta idea nació en 1999 y ya cuenta con sedes en Japón, Indonesia y Portugal. En nuestro país, Kidzania podrá ver la luz el 2009, porque un grupo de empresarios liderados por Raúl Matte compraron la franquicia para construir en Santiago una réplica de la colosal miniciudad, de cuatro mil metros cuadrados.
Podrán entrar chicos de entre cuatro y 12 años, la moneda oficial serán los kidzos y son los mismos niños los que venderán gasolina, construirán casas, prepararán las hamburguesas que coman, irán al banco o se convertirán en médicos.
“Contamos con más de 70 actividades que los niños pueden realizar en la ciudad, distribuidas en unas 50 locaciones, como un hospital, un diario o un banco. Aquí los niños son los ciudadanos y se les trata de usted. A quienes realicen servicios a la comunidad se les paga un sueldo en kidzos que pueden gastar comprando cosas”, explica Miguel Ángel Dávila, de Kidzania Monterrey, en México.
-¿No hay adultos en esta ciudad?
-Los padres pueden acompañar a sus hijos y verlos a través de cámaras.
-¿Cuáles son los trabajos preferidos por los niños?
-Optan bastante por ser bomberos, doctores o policías. Hasta pueden apagar un incendio simulado. Y las niñas se entusiasman por oficios como modelos o trabajar en televisión o ser reporteras de nuestro diario, el Kidzania Journal.
Carol Kreese animó durante años a los niños que visitaban el desaparecido Mundo Mágico. “Es una idea maravillosa y qué ganas de ser chica otra vez para ir a jugar ahí”, dice entusiasmada cuando escucha hablar de Kidzania.
“Los niños se entretienen y educan al mismo tiempo, al aprender el valor del dinero, la responsabilidad de un trabajo y conocer más qué hacen su mamá o su papá. Es una idea súper simple, porque es a lo que todos hemos jugado de chicos, pero en una infraestructura notable”, comenta.
Roberto Nicolini, del clásico programa infantil Pipiripao, está seguro de que el proyecto será un suceso para los pequeños chilenos. “Todo lo que es interactivo para los niños resulta excelente. Ellos son participativos y curiosos por naturaleza”.