A Petaccia se le perdió el estilo
Luis Pedro Correa
M iro a Giancarlo Petaccia (regio él, hay que reconocerlo) y me pregunto: ¿Qué importa más, la elegancia o el estilo propio?
¿Es elegante? Esas son palabras mayores y observándolo siempre en el “Mira quien habla”, con sus jeans y camisas o poleras con infaltables estampados estrambóticos, la respuesta es tajante: No, no y no.
¿Tiene estilo propio? Mmm. Claro que no.
Si no es elegante ni tampoco tiene estilo propio, ¿cuál es la gracia de este chiquillo? Es el clásico fashion victim. Tal cual. Se nota que de sus tiempos de pasarela heredó la costumbre de preocuparse de invertir en su ropero y saciar su voraz apetito por verse y sentirse bello. Giancarlo es el típico hombre que sigue al pie de la letra la tendencia que prima en el momento y la sigue como feligrés comprometido.
Las tendencias no siempre son bellas o elegantes y me imagino a Petaccia de compras, junto con su novia rubia natural buscando lo must del momento. Muy chic el paseo. Postal cool de nuestra farándula. Él cargando varias bolsas con prendas caras y supuestamente bellas, pero que nunca, a menos que se la juegue en serio, le darán un toque fashion de elegancia o un sello personal.
Aunque le cueste, el camino no es tan difícil. Sólo tiene que empezar por dejar al modelo en el olvido y acordarse de que es animador. Por algo se parte.
Giancarlo es el típico hombre que sigue al pie de la letra la tendencia del momento.