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Pamela Jiles: El dolor más grande de Volodia es la ruptura con su hijo

La periodista confía en que su gran amigo saldrá pronto de la clínica

M ientras Volodia Teitelboim se mantiene sedado, sin ayuda artificial y los informes médicos indican que las esperanzas de que supere la infección respiratoria son cada vez más escasas, Pamela Jiles, una de sus grandes amigas y compañera de aventuras, prefiere conservar la calma y esperar que su camarada abandone la clínica para cumplir un compromiso pendiente.

“Me prometió que si llegaba a los cien años bailaríamos un tango. Yo quería una cueca pero transamos en el tango, así que tiene que recuperarse”, revela la periodista que en más de una ocasión ha manifestado su cariño por el Premio Nacional de Literatura 2002.

-¿Cómo es tu relación con Volodia Teitelboim?

-Estamos en contacto permanente. Durante la dictadura nos veíamos en la clandestinidad, período en el que él usaba como chapa su nombre original, Valentín. Me reclutó como reportera para su programa “Escucha Chile” y en cuanto volvió legalmente al país, en 1988, me hizo el honor de pedirme que lanzara su libro “El país prohibido”. Lo visito en su casa de Ñuñoa donde tenemos largas conversaciones y hacemos planes.

-¿Cómo es él?

-Volodia es muy coqueto, un finísimo seductor, le encantan las mujeres hermosas pero “sólo si son de izquierda”, diría él.

-¿Alguna historia que podamos compartir?

-Durante el gobierno de Pinochet, una vez Volodia apareció con peluca y bigotes postizos. Esa escena nos dio un ataque de risa imparable y no pudo hacer el informe político que debía rendir. Otra: Él mismo se burla de su tendencia a “robarse” todos los lápices que encuentra. Se los mete al bolsillo sin querer y después no sabe a quién se los quitó.

-¿Te contó alguna vez cuál ha sido su peor momento?

-El dolor más grande de su vida es la ruptura con su hijo Claudio. Él enfrentó esa pena con dignidad y silencio, pero lo afectó mucho. Hablamos del tema más de una vez en la estricta privacidad de su casa.

-¿Qué sientes en este momento tan delicado?

-Siento que tiene que recuperarse, porque él está pleno de fortaleza moral, es un abrecaminos, personaje protagónico de la lucha social en Chile, el padre de todos nosotros. Lo han estigmatizado por todos los medios posibles, con poco éxito porque es un intelectual comunista querido por su pueblo y respetado por sus adversarios.

-¿Qué perderíamos con su partida?

-Al contrario, ganamos su sabiduría, el ejemplo de su compromiso social y la ternura de padre que nos ha regalado. Volodia tiene incontables hijos y nietos más allá de la sangre.

Bunster: Fue un momento mágico de reencuentro

El hijo adoptivo de Volodia lo visitó en el hospital de la UC, luego de dos años de distanciamiento

Con paso firme y esquivando a la tropa de periodistas, llegó Claudio Bunster a visitar a Volodia, su padre adoptivo. Eran casi las ocho de la tarde y la escena era seguida con curiosidad, ya que el reconocido científico se distanció de Teitelboim en el 2005, luego de enterarse que su padre biológico no era el ex secretario general del Partido Comunista.

Bunster estuvo cerca de cuarenta minutos a solas con Teitelboim, en la habitación 408 del hospital clínico de la Universidad Católica y salió emocionado. “Me reconoció, no pudo responderme, pero me apretó la mano. Está grave como todos saben, pero esperamos que esto también lo remonte, como ha luchado toda su vida”.

Acompañado por el timonel del PC, Guillermo Teillier, el hijo adoptivo de Volodia no guardó calificativos para referirse a la reunión. “Fue un momento mágico de reencuentro. He venido a ver gente a la que quiero mucho, a la que no he dejado de querer nunca”.

Para hoy se espera la llegada de Marina Teitelboim, hija de Volodia, quien vive en Polonia.

Nunca pateó una pelota

Amigo de Pisagua

En medio de todo el despliegue periodístico y las visitas de notables dirigentes políticos, un viejo militante comunista mira la algarabía desde una banca tratando de pasar inadvertido fuera del hospital de la UC. Él también viene a ver a Teitelboim, a quien conoció en prisión en 1956.

Aún estaba vigente la llamada Ley Maldita, por lo que cerca de 150 comunistas fueron relegados a Pisagua. Allí estuvieron Luis Corvalán, Volodia y Gabriel Bachero, que ahora sigue en la banca.

“Ahí Volodia reunía material para sus escritos”, recuerda Bachero. Pero, al parecer, el político era más bien quitado de bulla. Dentro de las actividades carcelarias, se jugaban reñidos campeonatos de fútbol, pero Bachero terminó por echar al agua a Teitelboim. “Él nunca pateó una pelota”, recuerda riendo.

 
 
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