La novelesca vida en Chile del espía que le dio el apellido a Fischer
Guía criollo lo acompañó a La Cisterna la única vez que Bobby vio a su papá jurídico
L a ruta de vida del ajedrecista está marcada con ribetes novelescos desde su nacimiento. Entre ellos el dato de que su padre habría vivido y muerto en tierra chilena. Es más, en la comuna de La Cisterna.
“Efectivamente yo acompañé a Robert Fischer en un auto de la embajada con dos personas más a la casa de su ‘padre jurídico’. Fuimos por la Gran Avenida hasta una casa en La Cisterna, que se veía bien del promedio. Él se bajó solo y estuvo en el lugar alrededor de media hora. Como yo no sabía de qué se trataba, le pregunté a esas personas de la embajada qué ocurría, y me dijeron que ahí vivía el padre jurídico de él, pero no el biológico”, relata Eugenio Larraín Cádiz, quien por cortesía no le preguntó sobre el tema cuando volvió, ni tampoco recuerda ninguna expresión en su rostro: “Llegó con cara de nada, la verdad”.
La ilustre visita se debía a que Bobby participaba en el Torneo Internacional de Ajedrez Arturo Alessandri Palma (ver nota), que se desarrolló en el Café Cuba del Paseo Ahumada, en mayo de 1959.
El relato del ajedrecista, que en ese tiempo tenía dieciocho años y era un entusiasta miembro de la Federación de Ajedrez, cobra sentido al considerar las versiones que hay sobre la enigmática identidad del padre de Fischer.
Se sabe que su madre, Regina Wender, nacida en Suiza en 1913, conoció en el Berlín de los años treinta a Hans Gerhard Fischer, un alemán cinco años mayor.
Con Hitler recién asumido, la pareja se trasladó a Moscú donde ambos estudiaron Medicina, se casaron en 1938 y tuvieron una hija.
El brutal gobierno de Stalin hizo que los Fischer hicieran las maletas de nuevo, pero esta vez separadas. En 1942 ella eligió EE.UU., donde el mismo año conoció al judío Paul F. Nemenyi, a quienes algunos adjudican la verdadera paternidad de Bobby, quien nació en 1943, dos años antes de la disolución oficial del matrimonio.
Según documentos que la CIA ha desclasificado, H.G. Fischer colaboró con la URSS en plena II Guerra informándoles sobre los movimientos nazis en Chile.
Por el mismo motivo habría sido cuestionado en EE.UU. y acogido en nuestro país por “salvarle la vida a alguien muy importante”.
Una investigación del periodista norteamericano Rene Chun dice que H.G. Fischer formó otra familia y que habría muerto en Chile a principios de los noventa.
Era una máquina de lógica con intuición
Iván Morovic
El Gran Maestro Internacional de Chile, Iván Morovic, fue entrenador del ex campeón mundial Anatoly Karpov, quien “se quedó con las ganas de jugar contra Fischer”, dice refiriéndose al triunfo por WO con el que en 1974 el ruso inició su período de reinado en el tablero.
-¿Cómo veía la URSS la arremetida del norteamericano?
-Lo ignoraban. Cuando Fischer le ganó a Spasski se debe haber escrito una sola línea como máximo. Y se criticó muchos a los perdedores. Taimanov perdió 6-0 y casi lo meten preso, se salvó porque después Fischer también masacró al danés Bent Larsen 6-0, pero el mismo Spasski tuvo que emigrar, de hecho tomó la nacionalidad francesa el 77.
-¿Cómo definirías el juego de Fischer?
-Estaba adelantado como quince años a su época. Esto lo he hablado con ajedrecistas rusos, era una máquina de lógica con intuición. Si Kasparov es lógico y Karpov es intuitivo, él era la combinación.
-¿Cómo te influyó?
-Empecé a jugar por él, y no sólo yo, muchos. Estoy bien triste con la noticia.
En el zoológico de Santiago agarró a piedrazos a los monos
Fischer también pedía langosta para el desayuno, pero no se la comía
En 1959 Fischer estuvo en Santiago como invitado al II Torneo Arturo Alessandri Palma. Y las anécdotas no faltaron.
A sus 16 años ya gozaba de fama y de un egocentrismo y mañas sin límites. Según la página web de la Liga Nacional de Ajedrez, el adolescente caminaba urgido por la calle y mirando a cada rato para atrás porque pensaba que lo iban a asesinar. Y antes de jugar en Chile una partida de ajedrez pidió que a su madre la llevaran a 400 kilómetros de donde él estaba, si no, no se concentraba, y a la señora la llevaron a Concepción.
Se hospedó en el desaparecido Hotel Crillón y para darse aires de divo pedía todos los días langosta al desayuno, pero no se la comía. Así que para evitar el despilfarro de dinero, la organización decidió darle todos los días la misma langosta. Nunca se dio cuenta. Tampoco tomaba café porque pensaba que los rusos podrían envenenarlo de esa forma.
Y cuando visitó el zoológico, se puso a tirarles piedras a los monos. Casi lo toman detenido. Lamentablemente, no hay registro visual de su paso por Chile pues al niño tampoco le gustaba tomarse fotos.