Jefa de la mamá del niño asesinado en su pieza: Ella dijo que se quería matar
Marcela Marín recuerda que hace poco Jeanette Hernández le confesó al marido que tenía un amante
M arcela Marín hace dos días que perdió el sueño. Sentada en el sillón de su peluquería, en el caracol de la plaza de Puente Alto, los ojos intensamente azules, a ratos vidriosos, repasa una y otra vez la noticia que casi la tumba de dolor. El crimen de Esteban Rojo, de ocho años, en el dormitorio de su casa, y la salvaje agresión contra su hermano Pablo, de 15, quien está al borde de la muerte.
Alguien entró a la casa de los Rojo Hernández el jueves en la noche, cuando los padres de los chicos no estaban, y a ambos los golpeó en la cabeza.
En el local de Marcela trabaja la madre de los niños, Jeannette Hernández (38). “Está hace dos años conmigo. Yo sé que ella adoraba a sus hijos, son una familia sana, con un marido que es un pan de Dios, que no fuma ni bebe. Son muy sanos”, describe la peluquera, quien al igual que los vecinos de la villa Capilla 7 de Puente Alto, aún no se explica por qué mataron a Esteban.
Lo que sí le consta es que Jeannette había tenido un cambio radical en su conducta últimamente, como lo confirma otra empleada del lugar: “Se puso más coqueta, se pintaba más, usaba más escotes, se puso extensiones hace uno o dos meses. Acá nos dimos cuenta y la molestábamos. Un día me dijo que si llamaba su esposo le dijera que iba a hacer un domicilio, pero no fue a hacer ningún domicilio”.
“Un hombre la molestaba” Marcela Marín va directo al grano y habla de un ex amante que habría acosado a Jeanette.
-¿Usted cree que ella tenía un amante?
-Claro. Ella me dijo que hace pocos días le había confesado al marido que tenía un amante.
-¿Y eso qué tiene que ver con el crimen?
-No, lo que pasa es que ella acá en la peluquería contó que había un hombre que no la dejaba tranquila. A lo que voy es que a lo mejor ella pensó en irse, en hacer algo malo, incluso dijo acá que se iba a matar, que se quería ahorcar. Eso no es normal, porque si yo me quiero hacer algo, no se lo voy a hacer a mis hijos.
-¿Dice que ella lo hizo?
-No, no digo que sea la culpable, pero aquí algo raro hay y yo no lo voy a aceptar, aunque sea mi compañera de trabajo.
-¿Pero qué la lleva a pensar que hay algo distinto?
-Primero, porque no le robaron. Segundo, porque si vives en un condomino de gente decente, cerrado, con gente buena, por qué va a entrar una persona a matar a dos muchachos y luego cierra la puerta como si nada. Si tiene algo que ver, que sea sincera y que diga.
Marcela además intuye que Jeannette estaba apurada por conseguir dinero en efectivo, ya que le había pedido que le pagara al día, cuando en el local se hace semanalmente.
Es otra de las líneas de investigación que sigue la policía. De hecho ayer, cuando la madre declaró en Investigaciones, habría confesado que hace 11 meses no pagaba el dividendo de su casa y que su marido, el mecánico Pablo Rojo (40), no lo sabía.
“No descartamos otra posibilidad, la presencia de una vendeta, ataque o venganza con los hijos, pero nuestra tesis principal, la primera, es el robo con homicidio”, explica el comisario de la Brigada de Homicidios de Puente Alto, Francisco Sepúlveda.
“La casa tenía un gran desorden interior y faltaba una suma de dinero que no puedo indicar. Pudo ser un grupo de muchachos, dos, cuatro o seis, a los que se les escapó el robo de las manos y terminó en esto”, agrega Sepúlveda, quien precisa que ambos niños fueron golpeados “con un elemento contundente, algo de mucho peso, romo, sin borde”.
Vecina prestó su casa para velar a Esteban: La suya estaba imposible
Jimena Fernández
Hace tres años que Jimena Fernández vive en la misma villa que los Rojo Hernández, a una cuadra. Cuenta que Jeannette les cortaba el pelo a sus hijos, así que cuando vio “que la casa de ellos estaba imposible” después de la muerte de Esteban, el hijo menor del matrimonio, ofreció la suya para el velorio del niño.
Pablo Rojo papá y Jimena se encontraron en el Hospital Sótero del Río, donde está internado Pablo, el hijo mayor. Ahí al padre le salieron las únicas palabras que pronunció en el día sobre lo sucedido: “La verdad es que no sé nada… no me lo explico”.
En la tarde Jimena limpió el negocio que tiene, acomodó las sillas que pudo y unos 40 vecinos ayudaron a preparar el lugar, hasta la calle. La carroza arribó en silencio en la tarde y Pablo Rojo recién pudo llorar cuando abrieron la tapa y vio el rostro de su hijo en el féretro blanco. (Marcela Andrés)