Chacotera pretemporada de árbitros: Parece paseo de curso
Hombres de negro pasarán una semana concentrados en Curacaví
S on las 10.30 de la mañana, el sol recién empieza a picar sobre la piel en el estadio Municipal de Curacaví y el preparador físico de los árbitros del fútbol chileno, Patricio Santolaya, da la orden para que sus alumnos partan de vuelta al hotel de concentración. “Señores, ¡a las camionetas!”, dice con voz golpeada. “¡Pelotón!”, le responde Eduardo Ponce, desatando risotadas y comentarios como “¡como usted mande, mi instructor!”.
El viaje hacia el complejo Bosques del Mauco es una chacota. Los tres furgones van repletos con 44 jueces de Primera División, Primera B y algunos estudiantes, todos con ganas de echar la talla tras una hora y media de extenuante trabajo físico: trote de sesenta minutos y diversos ejercicios en los que los hombres de negro jamás perdieron el buen humor, sin restarle seriedad a la pega.
Carlos Chandía imita a Quico cuando tiene que tirar los balones medicinales, todos hacen ruidos de crujidos cuando se ponen en cuclillas y Guido Aros pierde su perpetuo peinado con tanta carrera. “Seguramente ahora voy último, detrás de todos los más jóvenes, pero van a ver que cuando termine esta semana de entrenamientos ya no voy a ser el primero”, afirma el veterano juez de 42 años, insolentemente tratado como “de la tercera edad por algunos de sus colegas”.
“La convivencia es algo muy positivo. Ya estamos acostumbrados y entre todos nos conocemos de haber viajado a algún partido juntos, pero ahora esto parece paseo de curso”, bromea el experimentado referí, quien además es dueño del restaurante La Cacerola en la capital.
Y el dato del trabajo no es menor, pues todos tienen una actividad fija aparte del referato: ejecutivos de bancos, médicos, profesores. Y todos están usando sus vacaciones para participar de esta pretemporada, algo que no dejó muy felices a sus familias, como afirma Chandía: “No están para nada contentos. Era una dificultad que teníamos, pero la ANFP nos pidió este esfuerzo. La gente se quedó un poco triste en la casa, pero entendiendo que es parte de lo que hacemos”.
Claro que hasta eso sirve para las bromas, porque en la piscina del hotel se muestran algo reticentes a las fotos y uno grita que no los retraten en traje de baño. “Mi mujer cree que estoy sufriendo acá”, dice.
Cristián Julio aparece en el lobby y desafía a Manuel Acosta: “¿Un poolcito?”. Van a la sala de juegos y Patricio Polic los deja plop con su manejo del taco.
“Acá tenemos de todo para entrenernos en los ratos libres: piscina, canchas de tenis, mesas de pimpón, de pool”, celebra Pablo Pozo.
-¿Y ustedes traen playstation como los jugadores?
-Claro, hay de todo. Algunos trajeron playstation y dvd, películas. Venimos bien aperados para los ratos de ocio.
Entre todo eso hay clases dirigidas por Gastón Castro, Mario Sánchez e Iván Guerrero. Claro que el cansancio se nota y más de alguno se rinde al sueño. Pero la cabeceada termina en un salto cuando Chandía da un sonoro aplauso. Porque nadie pierde la oportunidad para una buena broma.