Monica Bellucci e Indio Pícaro quedan atrapados en una pared
Libro reúne cientos de imágenes repartidas en las calles de Santiago
U n color esparcido sobre una superficie y una plantilla que salvaguarda zonas sin pintar: la técnica del sténcil es así de sencilla. Al parecer existe desde que el mundo es mundo –fósiles de hojas, signos rupestres, filigranas decorativas, teatro de sombras, señales de tránsito–, pero tuvo que esperar para agarrar vuelo como arte callejero hasta comienzos de los ochenta, cuando las plantillas de sténcil se encontraron con las pinturas en aerosol.
El boom stencilista ha llegado a Chile con tanta potencia que sus rastros aparecen hasta por debajo de las piedras, aunque a veces lo hacen con sutileza y los peatones pasan junto a ellos sin siquiera enterarse.
Edwin Campos y Allan Meller han hecho una monumental recopilación de esas obras diseminadas en paredes de baños, tapias de terrenos baldíos, puertas de casas abandonadas o costados de basureros municipales, la que ha sido publicada por Editorial Cuarto Propio bajo el título Santiago Stencil .
El libro, de unas 180 páginas, se abre con un elocuente epígrafe de Lautréamont (“La poesía debe ser hecha por todos”) y es un auténtico insectario con casi 600 imágenes recogidas en Santiago.
Aunque este arte parece ser más bien inclasificable e indivisible (“si alguien intenta definir qué es la ‘escena del sténcil graffiti’ la destruirá”, dice el stencilista Logan Hicks), el volumen se presenta organizado en seis capítulos temáticos, los que dan cuenta de distintos subgéneros de la especialidad pictórica.
Así, en el capítulo “Opinión pública”, acaso una de las áreas más difundidas en las calles, se reúnen, como lo dice su título, obras de opinología pura y aplicada. En la diversidad más desbandada, los mensajes van desde la propaganda anarquista, las protestas antimilitaristas, la exaltación de próceres revolucionarios y hasta incitaciones al jefecidio o asesinato del jefe por parte del oficinista oprimido. El paseo opinológico va desde la figura sombreada de Augusto Pinochet bajo la frase “No me acuerdo” hasta un retrato de un Papelucho drogadicto, pasando por hojas de marihuana, conejitos encapuchados por la liberación animal, militares homosexuales, curas chanchos y otros especímenes.
En “Retratos temporales” se incluyen íconos pop, rostros famosos, cantantes, actores, personajes populares y perfectos desconocidos. Entre estos rostros que “aparecen de un momento a otro, quedan atrapados en la pared y luego desaparecen bajo capas de pintura”, saltan a la vista la figura del Neil Armstrong en la Luna, un niñito chinchinero, el Chavo del Ocho, la delgadísima Twiggy y la perfectísima Monica Bellucci, Miles Davis, Syd Barrett y nuestro conocido Eduardo Bonvallet, quien exclama: “Avíspate re-weón!”.
Los logos publicitarios deformados o inventados se juntan en “Antipublicidad”, en la que figuran las pinturas “Sincolor”, las hamburguesas “Murder King” y el slogan “Dilo, te hace grande”, entre otros reciclajes de la propaganda.
Otro capítulo interesante de esta contundente y asombrosa muestra es el dedicado a personajes: unos stormtroopers de Starwars viajando en un furgón escolar, el Indio Pícaro con un spray fálico, Gargamel de Los Pitufos y hasta un mono histérico que dice “¡me vuelvo mono!”.
Demuestre su cultura
Aunque el sténcil graffiti está en su salsa en el fragor de la calle, son varias sus aplicaciones no tradicionales. De hecho, el lanzamiento de Santiago sténcil está acompañado por 20 obras concebidas para la ocasión y realizadas sobre paneles, los que actualmente se exhiben en Matucana 100.
El propio libro se cierra con el capítulo “Sténcil 2.0”, en el que se incluyen variaciones del género: trabajos realizados tranquilamente en la casa de los autores, “bombardeos” o yuxtaposición de numerosas obras sobre una misma pared, “intervenciones” o imágenes que intentan camuflarse en la realidad urbana, y, por cierto, el sténcil graffiti más famoso de la ciudad: “Demuestre su cultura. No pegue afiches ni raye los muros de la comuna de Santiago. Multa 3 UTM”.
La vanguardia está en la calle
Aparte de su factura editorial impecable, que mezcla austeridad con calidad gráfica, Santiago sténcil destaca por la singularidad de su propuesta teórica. Sin estudios preliminares ni prólogos academicistas, el libro es introducido por un original collage de opiniones fragmentarias de los propios stencilistas, concordando con el carácter disperso, precario y efímero del sténcil graffiti.
Allí, mientras Herostencil dice que “ahora la vanguardia es callejera” y Veggie explica que no piensa en mensajes (“sólo pinto e intento que me quede bien”), Stgo 014 profundiza sus procedimientos: “No salgo a pintar la misma plantilla en cualquier muro. Primero escojo el lugar, veo sus leyes, su ritmo, trato de entenderlo y el lugar me dice qué hacer ahí, cómo vestir ese espacio”.