Vitrina
Un elemento indispensable para todo trabajador de la construcción son los zapatos de seguridad. Cualquier labor relacionada con el trabajo duro, la manipulación de herramientas y materiales, y que se realice en lugares difíciles, con movimiento de máquinas y personas, además de insumos pesados, requiere de una adecuada protección en los pies.
Los más recomendados son aquellos de fabricación robusta y con refuerzos que protegen el pie de eventuales accidentes (como la punta de acero). También hay otros cuyos talones doble capellada para disminuir el riego de torceduras.
En el caso de los Defender Botín Murano ( modelo DF-980), su fabricación cuenta con la certificación en calidad de procesos ISO 9001-2000 para diseño, producción y comercialización, lo que garantiza altos estándares de calidad.
Se elabora mediante el proceso denominado “Good Year Welt” de emplantillado. Son de color café nogal, de cuero Timber graso, con forro con reno y descarne gamuzado, fuelle forrado y acolchado. La tobillera está acolchada con espuma de alta densidad. Todas sus costuras son dobles y triples, y están realizadas en nylon T-20, un material imputrescible (que no se pudre fácilmente).
Su plantilla interior es intercambiable, mientras que la estructural es de conglomerado de celulosa y látex.
Para mantener una confortable temperatura, el relleno es de corcho o material microcelular (la idea es que sea un aislante liviano). La planta está fabricada en acrilo nitrilo con schock absorber y diseño confort. La puntera es de acero templado, mientras que el talón está reforzado. El cambrillón es de acero templado de dos nervios. Su numeración va desde el 38 al 45.
Medidas de seguridad favorecen una entrega más rápida de la obra
La experiencia de contratistas y jefes
Existe consenso entre los conocedores del rubro que la construcción es una disciplina riesgosa, tanto por sus características como por el lugar donde se desenvuelven los obreros.
No obstante, estos riesgos se pueden minimizar si se toman las medidas precautorias necesarias, como el uso de vestuario adecuado (cascos, antiparras y bototos, entre otros) y la incorporación de implementos especializados, como andamios y arnés.
Según explica Ernesto Aróstica, empresario porteño con 15 años de experiencia en la construcción, “esta no es una actividad peligrosa si se trabaja con seriedad y profesionalismo”.
Asegura que hace menos de dos años que se están exigiendo medidas de seguridad más drásticas en Valparaíso. Según él, “la fiscalización en las obras antes no era tan fuerte como ahora”.
La contratación de un profesional especializado en materia de seguridad demuestra que el empresario está preocupado de implementar las medidas correctas para evitar accidentes en sus obras.
“Cuando me adjudico una obra grande, contrato a un experto para que se haga cargo del tema, y luego, dejo a cargo a un jefe de obra para que fiscalice que se cumplan las medidas exigidas por el técnico”, afirma Aróstica.
Está consciente de que, en un comienzo, se debe hacer el esfuerzo de invertir en elementos de seguridad, decisión que más tarde se traduce en una economía, ya que “cualquier accidente significa gasto y perdida de tiempo que retrasa la fecha de entrega de la obra”.
Porfía cultural Concuerda con ese análisis Felipe Cortés Escobar, supervisor de obras en construcción, quien asegura que en este rubro “siempre se trabaja contra el tiempo, por lo que cualquier accidente laboral significa un trámite largo que retrasa la obra”.
A su juicio, no contar con un obrero de confianza le genera un gran conflicto, ya que no se arriesga a reemplazar a sus trabajadores, puesto que además de una relación laboral, construye un lazo de confianza con ellos.
En materia de seguridad, precisa que el principal problema con el que deben lidiar es “la porfía cultural” de los propios obreros.
Una costumbre que, dice, se podría revertir si las empresas supieran comunicar a sus obreros las medidas necesarias, cada vez que inicien un nuevo trabajo.
“La permanente capacitación debe ser parte de las políticas de funcionamiento al interior de cada compañía, pero por falta de tiempo se privilegian otras prioridades”, resume.
Hugo Martin, contratista y jefe de obra con más de 30 años de experiencia, coincide en que el principal problema al interior de la construcción es la porfía de los obreros para ponerse el vestuario de seguridad.
“Cuesta convencerlos para que hagan caso y, por ejemplo, accedan a cambiarse las zapatillas y ponerse los bototos de seguridad”, afirma Martin.
El ideal, afirma, es que todos los obreros cuenten con guantes, mascarilla, antiparras, casco y bototos; si trabajan en altura, deben colocarse un arnés o cinturón de seguridad.
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