Mi papá decía que fue un baile apoteósico
Julita Astaburuaga, invitada de honor a la fiesta
“El baile de las máscaras” recordará el último baile que se realizó en el Palacio Concha Cazotte, en octubre de 1912. Todos los asistentes recibirán máscaras venecianas y serán transportados en carruajes de época.
Entre los invitados a la fiesta están la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, la intendenta, Adriana Delpiano, la actriz Delfina Guzmán, la fotógrafa María Gracia Subercaseaux (elegida por su “apellido vinoso”, según Nolberto Salinas) y la incombustible Julita Astaburuaga.
“Mi papá fue a las fiestas cuando era soltero, tengo un retrato de él disfrazado de príncipe italiano. Un tío mío también fue, Arturo Astaburuaga”, recuerda Julita, quien confiesa que está bucando un compañero para asistir.
-¿Y qué le contaron ellos del baile?
-Que los trajes eran espectaculares, de lujo. Mi papá contaba que fue apoteósico. Por eso, esta es una linda idea.
La loca historia del Marqués de Cuevas, el chileno canchero que se adueñó del mundo
Jorge Cuevas Bartholín volverá a la vida como el anfitrión de fastuoso Baile de máscaras en el Club Hípico
F ue amigo de Jacques Cousteau y del torero Luis Dominguín, el papá de Miguel Bosé. Fue mecenas de Salvador Dalí, se casó con una heredera de la dinastía Rockefeller, se compró un título de marqués que estaba perdido en La Serena, tuvo una tienda de ropa femenina con el príncipe Félix Yusupov (uno de los asesinos de Rasputín) y, por si fuera poco, fundó una compañía de danza en la que actuaron Rudolf Nureyev y Geraldine Chaplin.
A este singular hombre, lo recuerdan en Europa por haber organizado el baile del siglo, en 1953 en Biarritz, pero en Chile no lo conoce casi nadie. Y eso que es chileno.
Se llamaba Jorge Cuevas Bartholín, el último de 33 hermanos, que nació en la calle Santo Domingo, en el barrio Brasil, en 1885. Nunca tenía dinero y solía rondar la Confitería Torres esperando que apareciera un amigo que lo invitara a un trago.
“El Cuevitas era habitué de la barra, pero siempre andaba al convite, hasta que viajó a Estados Unidos y se casó con una nieta de Rockefeller. Se hizo millonario y mecenas de la danza”, relata Claudio Soto, administrador del histórico café.
Tras muchas andanzas por Europa y Estados Unidos, el chileno compró un título nobiliario y se rebautizó aristocráticamente como George de Piedrablanca de Guana, aunque para todos era el Marqués de Cuevas. Murió en Cannes en 1961, pero el próximo 31 de octubre volverá a la vida en el Club Hípico gracias a la pasión histórica de un abogado llamado Nolberto Salinas.
Salinas lo eligió como el anfitrión de “El baile de las máscaras, la fiesta del Bicentenario”, un apoteósico evento con bandas en vivo y actores de la Compañía Gran Circo Teatro, que busca emular los bailes que se hacían en el Palacio Concha Cazotte.
“Lo echaron abajo a mediados de la década del veinte, pero la señora Teresa Cazote, a esas alturas viuda de Enrique Concha y Toro, mandó construir una villita francesa que hoy conocemos como el barrio Concha y Toro. Ahí se hacían estos bailes entre 1906 y 1912”, explica Salinas.
Agrega que “el baile es parte de un proyecto llamado Santiago 1900, que busca recuperar el patrimonio del barrio Concha y Toro, donde vivió el Marqués de Cuevas. Fue pobre, pero triunfó. Acá fue discriminado y por eso le decían Cuevitas. No era por cariño. Muchos pueden casarse con mujeres con dinero, pero él generó arte. El mes pasado en Nueva York se subastaron cuadros que Dalí pintó en su honor”.
“Era entrador” El peso de revivir al Marqués de Cuevas recayó en Javier Arce, un actor recién titulado de la Universidad del Desarrollo. Su debut fue el jueves pasado, cuando llegó a la Intendencia de Santiago con la cara empolvada, peluca y traje a la usanza de la corte francesa, para pedir a Adriana Delpiano que les deje llenar la calle de carruajes para llevar a los asistentes al baile.
“Los vestidos son de Ricardo Oyarzún. Fue increíble, porque yo no conocía la Intendencia y es un lugar muy bello, muy antiguo. Me sentí teletransportado al pasado. Me sentí el Marqués de Cuevas”, confiesa Arce.
Para hacer el personaje, Arce leyó un libro de Joaquín Edwards Bello que le prestó Rosa Ramírez, la “Negra Ester”. “Tenía glamour. Me exige que sea hablador, pero de mundo. Él se movía con gente con plata, muy influyente, ya que como chileno era entrador”, concluyó el actor.