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Esforzados fotógrafos buscan el lado amable de Santiago

Exposición de Jaime Morera y el grupo Linterna Mágica en el Centro Cultural de España

L a capital de Chile, vista desde las alturas y también a nivel de la calle, despliega todas sus facetas, comunas y personajes en Asíéramos hoy en Santiago , muestra fotográfica que se está presentando en el Centro Cultural de España (Providencia 927).

Ideada por el fotógrafo Jaime Morera, la exposición está integrada por cientos de estampas que, dispuestas en el primer y segundo piso del recinto, se exhiben tanto adheridas a los muros como en forma de diaporamas proyectados sobre telas gigantes.

Entre las instantáneas, que han sido realizadas tanto por el organizador como por los miembros del colectivo Linterna Mágica, es posible encontrar una colección de 150 retratos de ciudadanos anónimos, copiados en pequeño formato, donde cada personaje aparece solo y de pie sobre un fondo blanco. Esas láminas, por cierto, han sido sujetas a sogas mediante perros para colgar ropa.

Morera, además, aporta una serie de impresionantes vistas panorámicas de la ciudad que han sido armadas como collages a partir de decenas de tomas captadas desde el helipuerto del edificio Telefónica.

“Santiago es una ciudad bastante vituperada y bastante odiada. Esta muestra, entonces, busca sacarnos de encima el fantasma o el estigma de Santiago, para así quererlo un poco más. Es una muestra de amor, finalmente”, dice el autor.

El fotógrafo también es el responsable de buena parte de las 256 postales que han sido dispuestas como un solo gran mosaico en el primer piso del recinto. Se trata de un abrumador conjunto de imágenes en el que conviven rostros de mendigos, primeros planos de mujeres sensuales, instantáneas de acomodadores de autos y vistas de todo tipo de transeúntes.

“En ese mosaico están los gordos y los flacos, las prostitutas y las monjas, los viejos y los jóvenes, los pintores y los ladrones. La idea de esa pieza era mostrar Santiago con sus calles, edificios, personas y actitudes, para componer una suerte de álbum familiar donde hay de todo”, comenta Morera.

El profesional agrega que los retratos sujetos con perros para ropa fueron seleccionados de entre los más de 1.500 que él y los integrantes de Linterna Mágica hicieron en diversos sectores de la capital. La gracia de esa colección, advierte, es que los espectadores pueden llevarse las estampas que más les gusten.

“Para hacer esas fotos nos instalamos con un telón blanco en lugares como Quinta Normal, la plaza Ñuñoa, la calle Lyon y el centro de Santiago. Usamos la misma angulación para retratar a todos los transeúntes, porque la idea era mostrar la igualdad dentro de la diversidad”, relata.

Los beodos indestructibles

Leonardo Sanhueza

No hay muchas cosas más indeseables que toparse con un borracho odioso, mirador de la mujer del prójimo y, encima, fácilmente dado al pugilismo. En general, a los borrachos se les puede manipular o enfrentar con indiferencia, pero a uno que reúna esas tres condiciones es muy difícil hacerle el quite: se pega como lapa o, más bien, como una camisa de fuerza, pues uno queda con las manos atadas y la sensatez mediatizada por el desenfreno de la supervivencia. Hay una escena en que Súperman les arroja a los villanos un inmenso escudo suyo de celofán, el que los envuelve y aprisiona: así mismo queda uno ante la embestida tentacular de un beodo persistente.

Por supuesto, es uno el que se friega, no sólo de lesiones en caso de consumarse la rosca. El borracho tenaz se irá feliz de la vida y, para olvidar el episodio, ni siquiera tendrá que esperar a la mañana siguiente. Su acción se esfuma como las burbujas de la cerveza. Recuerdo que el escudo de Súperman, cuando ha acabado su trabajo de reducción del enemigo, se deshace y deja al prisionero en ridículo, aleteando contra la nada.

En realidad, ahora me doy cuenta de que Súperman tiene mucho que ver con ese tipo de borrachos que la busca y la consigue. El Hombre de Hierro es indestructible o, por lo menos, su único punto débil es imposible de atacar para un contrincante normal. ¿De dónde saca uno un kilo de kriptonita? Lo mismo sucede con el borracho todopoderoso: su único punto débil –el amor propio– está protegido por una bruma de intrepidez. Para extraérselo y usarlo como arma arrojadiza hay que recurrir a una maestría verbal de la que se carece en esas circunstancias, pues es casi imposible tener un encuentro de ésos en estado de plena temperancia: al contrario, también uno defiende la fortaleza medio doblado.

En cualquier caso, con o sin mujeres de por medio, no podemos extrañarnos de que a alguien, bajo el influjo enajenante del alcohol, los sicotrópicos o simplemente los acontecimientos nefastos, se salga de sí. Cada uno tendrá algún recuerdo alusivo a ello que lo avergüence de sí mismo. En cierta ocasión tomé de las solapas a un estudiante que me acusó injustamente, pero sin mala intención, ya no recuerdo de qué conductas. Habida cuenta de mi contextura de palillo, debió de ser mucha la furia que el muchacho vio en mi rostro, porque el suyo emblanqueció hasta volverse un óvalo de leche cortada. Supongo que estos años de remordimiento son mi justo castigo.

Lo verdaderamente molesto, creo, y espero, no es el exabrupto etílico, pese a sus eventuales pésimas consecuencias, sino que ofrecer combitos a la primera de cambio sea para algunos una vocación permanente y del todo legítima: casi una muestra de buena salud y de vigor. Encontrarnos con ellos es volver a la escuela, al aburrido matonaje de los días sin destino en que todo podía resolverse por una mera imposición de presencia. Son tipos que van por la vida con el pecho levantado, como si llevaran una cota de malla puesta o los estuviera interrogando un sargento en la fila de los reclutas, y ni una botella de tequila tristísimo los hace bajar la mirada. Al crecer no crecieron: se fueron a la guerra, como Mambrú, y ya no volverán.

Independencia y La Dehesa

“Con esta muestra queremos que la gente se reencuentre y reencante con la ciudad, porque nuestra capital, como ninguna otra ciudad que yo haya conocido, es tremendamente fragmentada”, explica Jaime Morera, quien es el organizador y uno de los principales expositores del montaje Asíéramos hoy en Santiago .

“Yo soy de Ñuñoa, Independencia y La Reina, y para mí ir a La Dehesa, por ejemplo, es como ir a otro país. Creo que voy con más frecuencia a Buenos Aires que a La Dehesa, y a Buenos Aires voy una vez al año. Por eso, en esta exhibición queremos enfrentar Independencia con La Dehesa, para así reencontrar esos lugares de esta ciudad fragmentada”, agrega el fotógrafo.

 
 
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