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Marines quieren salir de Irak

g El Cuerpo de Marines de EE.UU. desea retirar todas sus fuerzas de Irak para destinarlas a Afganistán, informó el “New York Times”. La propuesta cambiaría la estructura de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, y dejaría los combates dirigidos por Estados Unidos en Irak en manos del Ejército./Afp

Chino ladrón era muy patudo

g Yang era un ladrón sin inhibiciones. El tipo se metió a robar a una casa de Shangai, pero como no halló casi nada de valor decidió pagarse viviendo en la casa que estaba vacía. Cinco días después la dueña de casa lo encontró durmiendo en su cama. /Efe

Las crueles historias de Myanmar

Sigue la represión de la junta, pero ahora sin que el mundo mire

L a represión sigue en Birmania, pero ahora de manera silenciosa, sin los ojos del mundo viendo cómo los monjes y los civiles que participaron o sólo aplaudieron a los que marcharon contra la dictadura militar son maltratados por orden de la junta militar.

Ayer, día en que la ONU “deploró” pero no condenó la represión birmana, se supo que un activista de la Liga Nacional para la Democracia, el partido de la arrestada Aung San Suu Kyi, murió en la cárcel debido a las torturas.

Según la BBC, la familia de Win She, quien había sido arrestado el 26 de septiembre, fue visitada por un grupo de militares que les informaron que She había muerto de un ataque cardiaco en prisión y que su cuerpo no les sería devuelto pues ya había sido incinerado. Mientras varias organizaciones de derechos humanos reclaman que She murió a causa de las torturas a las que fue sometido y Estados Unidos pide que se investigue el caso, el resto de la historia se empieza a conocer.

El británico “Independent” tuvo acceso a varios testimonios contrabandeados por un voluntario occidental que sacó la información de Birmania, rebautizada Myanmar por los militares, usando un pendrive. Entre esas historias está la de un monje que estuvo con 400 compañeros encerrados en un cuartucho por diez días.

“No había baños, ni agua para asearse. Ni camas, mantas, ni sopa”, dijo el budista que prefirió no dar su nombre. “El cuarto era tan pequeño que debíamos hacer turnos para dormir... Cada noche nos daban un poco de arroz y un vaso de agua, pero después de unos días muchos no podían comer. El olor era demasiado malo”, explicó el monje que también habló de las palizas que les daban a algunos, sin importar si eran pequeños religiosos de menos de diez años de edad.

Otra historia contrabandeada por el voluntario –que como cuenta el “Independent” arriesgó su vida para sacar la información del país cercado por los militares– es la de una mujer que sólo aplaudió la marcha, pero que fue grabada por los militares. Luego la fueron a buscar. Volvió a los días, golpeada y no ha querido hablar con nadie de lo que pasó.

 
 
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