Feroz crisis entre EE.UU. y Turquía
g La resolución de la Cámara de Representantes de EE.UU. de considerar “genocidio” la matanza de cientos de miles de armenios a manos del Imperio otomano (antecesor de Turquía) causaron profunda irritación en el país que históricamente ha sido un aliado de los estadounidenses. El gobierno turco mandó a llamar a su embajador en Washington, mientras en las calles de Ankara hubo manifestaciones contra la resolución que ahora debe ser votada por el pleno de la cámara. Bush pidió que no se votara por el genocidio. /Agencias
Dispara a peatones por cruzar lentos
En Moscú
En Moscú caminar lento puede ser fatal. Sobre todo si uno se topa con alguno de eso conductores energúmenos que han hecho que la capital rusa se merezca con honores el título de “selva de cemento”.
La BBC cuenta que hace un par de días un conductor parado en un paso de cebra perdió la paciencia ante la parsimonia con que un grupo de amigos cruzaba la calle. El tipo abrió la ventanilla y les gritó a los tres amigos que apuraran el paso, pero éstos no le hicieron caso. El chofer, un moscovita de 29 años, tuvo su minuto de locura, sacó una pistola y le disparó al sorprendido trío. Ninguno murió, pero salieron del paso de cebra hacia un hospital con heridas en el pecho, las piernas y los brazos.
Según el periódico “Komsomolskaya Pravda”, que tituló la nota con “Sigue la guerra en las calles de Moscú”, esta es la segunda vez que pasa lo mismo en dos semanas.
Y el problema no es sólo entre peatones y choferes. Entre automovilistas la cosa también es seria. Cada año mueren en Rusia casi 35 mil personas por accidentes que en su mayoría tienen que ver con exceso de velocidad o con conductores que han tomado más vodka del debido.
Pescadores pobres ahora se dedican a atrapar paquetes de coca
Narcos colombianos botan al mar su cargamento cuando se ven en problemas
P odría parecer un golpe de suerte fenomenal, pero no lo es tanto. En la costa norte de Nicaragua, en una región llamada Costa Mosquito, donde se enclavan varios pueblecitos otrora pobrísimos, una súbita bonanza económica tiene a un sector de la gente viviendo como reyes, según el diario “The Guardian”.
Resulta que los traficantes de cocaína colombianos para llegar a Estados Unidos viajan en sus lanchas de 800 caballos de fuerza y motores fuera de borda, y lo hacen muy cerca de la costa para evitar a las patrullas de Estados Unidos y Nicaragua. Pero a veces tienen algún accidente o desperfecto mecánico o algún francotirador de la policía les dispara justo a los motores.
Entonces los paquetes de coca que llevan a bordo caen al agua o bien ellos mismo los tiran para eliminar la evidencia. Las corrientes arrastran la mercadería hasta la costa y los pescadores de langostas los agarran. Ahí aparecen los intermediarios nicaragüenses o los propios narcos colombianos y les compran el kilo de coca a 4.000 dólares, un precio siete veces inferior al del mercado estadounidense. Sin embargo, para los pescadores es una fortuna.
Así varios humildes pescadores se han enriquecido, y con ello los poblados donde habitan –Bluefields, Tasbapauni y Karpwala, entre otros– también han experimentado una opulencia nunca antes vista.
El pescador Ted Hayman, por ejemplo, donó un piso nuevo y brillante para la iglesia evangélica de Tasbapauni; eso aparte de una mansión de tres pisos que se construyó para él y su familia.
Pero la bonanza también ha traído cosas malas. Se dice por ejemplo que hace una década unas 15 personas de la tribu indígena de los Misquitos murieron después de confundir la cocaína, que no conocían, con levadura para cocinar.
Porque en la región la inocencia se perdió, llegó la corrupción y la violencia. El año 2004 una banda de narcos se tomó la comisaría de Bluefields y le cortó el pescuezo a cuatro policías. Nadie fue detenido. Paralelamente no toda la coca es vendida, alguna es convertida en crack, que disparó los casos de adictos y mantiene las cárceles llenas de jóvenes perdidos.
El gran susto de la señora K
g El avión en el que viajaba ayer la primera dama y candidata presidencial argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se salió de la pista del aeropuerto “Sauce Viejo” en la provincia de Santa Fe, 470 kilómetros al norte de Buenos Aires, luego que se reventara un neumático de su tren de aterrizaje. Tras dar trompos por unos 30 metros, se detuvo en la tierra. Según testigos, la “señora K”, de visita en la zona con miras a las elecciones del 28 de octubre, salió ilesa, tranquila, y apurada por llegar a su actividad de campaña. /Afp