Pobre Luli: chocó su auto y provocó descomunal taco
Un centenar de curiosos la tapizó de fotos y gritos de apoyo
“Y más encima ando toda despechugada”, se quejaba Luli, caminando de un lado para otro mientras trataba de cuantificar los daños materiales sufridos por el Lulimóvil. La puentealtina, que anda más rubia que nunca, protagonizó un choque en plena Plaza Italia y desató no sólo un carnaval de lascivas miradas sino que además un descomunal taco de media tarde.
“Es que vengo de un evento”, decía a modo de explicación por su breve atuendo y tratando de controlar los nervios.
El accidente ocurrió cuando Nicole bajaba desde Providencia en su tierno autito rosado y se le ocurrió doblar a la derecha, hacia el puente Pío Nono. Avanzó un poco y la camioneta de una industria de telas le pegó un topón que le abolló el parachoque izquierdo.
Escolares, vendedores y el infaltable oficinista que anda sacando la vuelta se juntaron en el lugar. Y como nadie se movía, el taco empezó a crecer. Es que entre foto y foto que se sacaba y entre autógrafo y autógrafo que daba, la chiquilla se daba el tiempo para explicarles a los carabineros que ella no había tenido la culpa, que había maniobrado correctamente.
Además, los corpulentos hombres de verde también se tomaron su tiempo para completar el procedimiento. Y, claro, las fotos y autógrafos no paraban. Así como tampoco los piropos tan clásicos del chileno. “¡Soy viudo, pero todavía ronco mijita!”, le dijo uno con cara de necesidad. “¡Se te reventaron los airbags!”, dijo otro que tenía la imaginación de vacaciones. El ambiente era de fiesta popular.
Los que más sufrían eran los conductores que venían por la misma calle. A cada foto que se tomaba, el taco se hacía más largo. Llegó a medir cuatro cuadras y ocasionó un verdadero concierto de bocinazos.
Tratando de hacerse la responsable ante Carabineros, la rizada Luli ponía cara de atención cuando los policías le hablaban de dejar una constancia en la Comisaría o de estampar una denuncia y, aplicada, tomaba nota en su agenda con toda calma. “Ya pero ¿me van a pagar todo, cierto?”, preguntaba ingenua al que la había chocado.
Tuvo que pasar media hora para que finalmente le exigieran a Luli mover el auto. Y ella lo hizo, pero el caos duró un buen rato más, pues decenas de groupies salieron persiguiendo el auto, golpeándole el vidrio y lanzándole besos a la distancia.
-Con la mano en el corazón, ¿fue culpa tuya, cierto?
-Noooo, yo venía tranquilamente y de repente voy doblando y el tipo me achurrascó. Gracias a Dios, esta vez no tengo yo la culpa. Incluso el lunes había terminado otro curso para aprender a manejar mejor.
-El apoyo popular fue espontáneo.
-Sííí, toda la gente decía: “La Luli no tuvo la culpa, la chocaron”. Estaba fuera de las pantallas y aún así me apoyaron. Quedé impresionada. La gente me calmó, porque yo estaba tiritando.
-Pero después lo más bien que hasta repartiste fotos y autógrafos.
-Porque la gente me lo pedía y yo me debo a mi público.
-¿Y los carabineros se hicieron los lindos también?
-Noo, nunca se hacen los lindos conmigo, si me han sacado varios partes.
-¿En estas situaciones de alto riesgo echas de menos tener un pololo que te mime?
-Sí, me gustaría que alguien me llamara y me regaloneara.