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Laboratorista químico, árbitro de vocación

Sus amigos de la universidad describen a DonGa

Pablo Jara y Mauricio Dorfmann son dos alumnos de la Universidad de Chile que trabajan codo a codo en sus investigaciones rumbo al doctorado en farmacología con el laboratorista químico Gabriel Aravena. “DonGa (así le dicen) tiene su oficina repleta de fotos con futbolistas famosos y su máxima pasión siempre ha sido la Roja”, cuenta Dorfmann.

“Nunca olvido que cuando la Sub 20 perdió con Argentina, él nos adelantó lo que iba a pasar. ‘Sulantay tiene que ver cómo viene la mano del árbitro en los primeros minutos para planificar el partido’, dijo. Sabe mucho”, recuerda Jara.

Javier Pino, kiosquero de la Facultad de Química, cuenta que “Gabriel se apasiona con el arbitraje y acá les ha enseñado a varios a auxiliares a arbitrar para que se ganen un pololito en las ligas amateurs”.

El chileno que se convirtió en amigo secreto de Bielsa

Gabriel Aravena fue sorprendido por el técnico argentino al presentarlo como ejemplo de amor a la camiseta

Y a terminaba Marcelo Bielsa de calmar el hambre de la platea periodística con su achiclada forma de explicar el fútbol cuando encontró el momento preciso para dar su golpe vitamínico.

“A riesgo de que parezca una cuestión demagógica, le pedí al caballero que me acompaña que estuviera aquí”, dijo al aire y miró a su diestra.

Ahí figuraba Gabriel Aravena, un personaje desconocido para las masas. Moreno y de pelo chuzo, Aravena le clavó la mirada y puso cara de sorpresa, levantando las cejas. “Lo conocí en Chile y trabaja desde hace treinta años por la Selección de manera desinteresada, gratuita”, comentó sobre el hombre de 57 años, quien se ha convertido en uno de los más cercanos a Bielsa en estos dos meses que lleva en Chile.

Quizás fue la manera que Bielsa eligió para hacer una velada crítica a los sucesos de los últimos días, que dividieron ferozmente las aguas en el fútbol chileno. O tal vez una forma de reforzar el ánimo a la espera de un duelo difícil, del que la Roja casi nunca ha salido bien parada, sin victorias en partidos oficiales.

De manera un poco inesperada, Bielsa siguió masticando sentimientos por un rato en la sede de Quilín. “Es que jugar el sábado, volver a la cancha de River en un sitio distinto, es un poco ambivalente, pero el fútbol tiene esas cuestiones”, se lamentó algo melancólico.

Fue la última respuesta y Bielsa se fue tan mudo como llegó, llevándose en su 4x4 brillosita a Gabriel Aravena, su amigo secreto en Chile. Llegaron a Pinto Durán, ingresaron por el portón y el DT lo arrastró hasta las canchas de entrenamiento.

Ahí el técnico nacional le conversó como si el mundo se fuera a acabar durante quince minutos. El bioquímico lo oía atento.

“¿Que estuvo dónde? ¿Y de corbata?”, dijo después el administrador de Pinto Durán, Enrique Galaz, quien conoce desde el año de la pera a Aravena. “Es bien servicial y se entiende bien con Bielsa”.

Más tarde, Aravena atendió su celular. “Es que quiero quedar en el anonimato”, se disculpó por hablar poco.

-Pero cómo anónimo. Si Bielsa lo mostró ante una decena de cámaras.

-Exacto. Porque me pilló de sorpresa. No sabía que diría eso de mí por una pregunta que le hicieron los periodistas.

-Quienes lo rodean aseguran que Bielsa le tiene buena, que es su amigo.

-Le caí muy bien, muy bien. Con toda la gente que ha llegado a Pinto Durán he sido muy servicial, eso es lo que tengo. No tengo contrato con nadie sino que me gusta nomás, porque trabajo en la Universidad de Chile.

-¿De?

-Soy ayudante técnico de laboratorio. Estoy acá porque pedí una semana de vacaciones que me debían. Salgo a las cinco de la tarde y me vengo todos los días a Pinto Durán.

-¿Y por qué lo hace? Cariño a qué.

-Porque me gusta el fútbol. Fui árbitro asistente durante veinte años en el profesionalismo. Y empecé acá arbitrando los partidos de entrenamientos y me fui quedando.

-¿Dirigió algún clásico?

-Sí, cuatro clásicos entre Colo Colo y la U. También a la Católica. Estuve del 78 al 96 y me retiré con Enrique Marín.

-¿Y en treinta años no le han pagado nada?

-Esto es como mi segunda casa. He estado con todos los entrenadores que han pasado, Nelson Acosta, Juvenal Olmos y para atrás en el tiempo.

-¿Siente que gana algo al tener esta actitud tan incondicional?

-Gano la simpatía de la gente, de todos. No tengo problemas con ningún jugador.

Aravena está casado y hasta con sus hijos ha ido al recinto deportivo de Macul. Lo entienden. Saben su onda. Y es por eso, por ese cariño que el bioquímico muestra cada día, es que viajará con Chile a Buenos Aires. “Ese era un secreto, pues”, explicó.

Él es quien complace a Bielsa en temas domésticos. Por ejemplo, le va a comprar cada vez que lo requiere, lo ayuda en el orden de los elementos deportivos. Eso sin descartar cuestiones de aseo cuando se ofrece para limpiar los vidrios de Pinto Durán.

Bielsa lo trata como a un amigo secreto, como un confidente.

-Me contaron que Bielsa le dice Cachureo. ¿Y por qué?

-Jajajá. Es una palabra que él no conocía. No sabía qué significaba cachureo. Yo le expliqué que era cuando se juntaban las cosas en los rincones. Y desde ahí me dicen Cachureo.

-¿Y precisamente en qué ayuda al técnico?

-En cualquier cosa que él me pida.

-Tras la presentación, se convirtió en cábala.

-Ojalá, pues, ojalá sea el amuleto.

-Si no, lo estaremos esperando a la vuelta.

-Uy. Jajajá.

 
 
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