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Chevrolet Astra GTC, un deportivo con cabina de burbuja

Disponible en una sola versión, a $14.390.000

Hace un par de meses, con ocasión de nuestra prueba de manejo al Chevrolet Astra OPC, titulamos la crónica con un juego de palabras (“…más caballos que un hipódromo”). Y es que ese súper deportivo de la gama Astra, con 240 hp a las ruedas, regalaba y le sobraba potencia, al extremo de hacerlo parecer como una bestia descontrolada a la hora de salir acelerando desde la inmovilidad.

Por eso nos pareció muy interesante esta nueva opción que presentó Chevrolet en Chile, a la que han llamado Astra GTC (Gran Turismo Compacto), que es casi idéntico al OPC, aunque con prestaciones menos espectaculares, pero con otros detalles que le dan unos puntos positivos por encima de su hermano mayor .

Mirando el cielo

Para comenzar, si bien la carrocería es idéntica por fuera, el GTC añade una particularidad que lo hace muy atractivo: tiene un parabrisas que, en su parte superior, hace una curva de casi 90 grados para convertirse en el techo del auto y se prolonga hasta más atrás del respaldo de los asientos delanteros. Esto hace que los ocupantes de las plazas anteriores tengan una visión panorámica espectacular, como si estuvieran en la carlinga de un avión de guerra. Si usted se está preguntando qué ocurre con el resplandor solar, el GTC tienen una respuesta muy ingeniosa: dispone de un techo corredizo interior, que se desliza por unos rieles a lo ancho de toda la superficie y que produce un efecto muy curioso, ya que usted puede graduar a su gusto la altura a la que quedará la línea superior del parabrisas. Eso sí, las viseras para protegerse del sol del atardecer están fijadas a ese techo móvil, por lo que al usarlas en esas horas críticas de la puesta del sol (conduciendo contra él, claro), el techo debe estar en su posición más cerrada.

La sensación de la burbuja se hace más espectacular al conducir bajo la lluvia, pues aumenta la luminosidad en el habitáculo, al tiempo que sentir y ver caer las gotas de lluvia sobre la cabeza es una experiencia muy grata.

Sentados en el puesto de conducción, no hay diferencias en el entorno. Salvo los asientos, que tienen menos sujeción lateral que los del OPC, pero sin dejar de ser cómodos. Los mandos del equipo de audio, como en todos los autos alemanes, requieren de una consulta obligada al manual (¿para qué hacerlo fácil si se puede hacer difícil…?). Una vez aprendidos los pasos, usted podrá gozar de un muy buen sonido. La información gráfica de lo que está oyendo aparece en la pantalla multifunción central de la consola, iluminada en color ámbar, donde también se detallan el consumo promedio, la autonomía posible con lo que queda de combustible en el estanque, etc.

La mecánica

Bajo el capó del GTC hay un motor Ecotec de 4 cilindros y 2.0 litros de capacidad volumétrica, capaz de erogar 200 hp de potencia a 5.200 rpm, con la ayuda de un turbocompresor. La entrega máxima de par torsional (262 Nm) se obtiene a las 4.200 rpm. Esta planta de fuerza está acoplada a una caja mecánica de seis velocidades, cuyo funcionamiento es muy suave. A velocidad crucero (120 km/hora) y en sexta marcha, el propulsor trabaja muy silenciosamente y la aguja del tacómetro se mantiene clavada en las 2.000 rpm., lo cual hace muy confortable la tarea de conducir.

Las suspensiones, así como la dureza de la dirección asistida, tienen una gracia: son variables. Es decir, se puede manejar en la opción “normal” o en la “deportiva”. Esta última se obtiene al oprimir un botón en la consola, con lo que se cambia al modo “sport” y las suspensiones se endurecen un poco más; así el auto se comporta mejor en un manejo más veloz y en circuitos con curvas trabadas. De igual modo, la asistencia a la dirección es menos blanda.

El GTC viene con llantas aro 17 y neumáticos 225/45 de perfil bajo, que copian muy bien el suelo en las autopistas, pero que en la ciudad pueden parecer un poco ásperas, debido a las irregularidades del piso.

Este coupé de Chevrolet puede ser una buena opción para quienes andan buscando un auto de aspecto deportivo y prestaciones superiores a las de un auto de calle normal. Y que puedan pagar, claro, los $14.390.000 que cuesta la única versión disponible en nuestro mercado.

Lo ideal es crecer asociativamente

Juan José Manzano, dueño de Caracoles a la Obra

A los 50 años, Juan José Manzano, dueño de Caracoles a la Obra, se encontró sin trabajo, sin saber qué hacer, por la dificultad de encontrar algo a su edad y decidió comenzar con su propio negocio. “Recordé que había visto, muchos años atrás un programa donde contaban sobre los beneficos del negocio de caracoles y comencé a investigar sobre el tema”, cuenta el microempresario. Hoy tiene un cuarto de hectárea en Buin, donde cultiva alrededor de 560 mil caracoles para vender su carne, su baba y cremas en base a la secreción de este invertebrado.

El sistema mixto (en jaula y pasto) en que cultiva a los caracoles permite que los cotos sean menores y que, pese a ser una microempresa el negocio se mantenga y dé los dividendos necesarios para soportar que su dueño pueda reinvertir el capital. “El año pasado para las heladas se murieron unos 70 mil caracoles con el frío. Para este año estoy preparado para resistir el fuerte invierno y que el negocio no flaquee”, explica.

Juan José trabaja con dos empleados y su esposa e hijo, quienes le ayudan sobre todo en el trabajo de la extracción de la baba. “Muchas empresas mojan a los caracoles, para que secreten su baba y esto hace que el producto final no sea tan efectivo. En cambio nosotros tomamos cada caracol y lo estimulamos. De esta forma la baba que vendemos y con la que fabricamos nuestra crema es en base a baba pura de caracol”.

¿Ha sido difícil entrar a un mercado desconocido como la helicicultura?

Es un mercado bastante tabú, donde no hay mucha información de cómo criar los caracoles. Lo otro complicado ha sido aprender a llevar una empresa. Por suerte he recibido ayuda de instituciones cono Indap, la Municipalidad de Buin y el programa Aplica Diseño del Duoc, quienes me enseñaron la importancia de la gráfica para darse a conocer en un mercado competitivo, del márketing para poder definir claramente el mercado objetivo y sobre todo utilizar la tecnología para facilitar la parte contable.

Entrar al mercado ABC1

La crema de Caracoles a la Obra, además de estar certificada por el ISP contiene un 20% de baba pura de caracol, lo que la hace efectiva especialmente para borrar arrugas, manchas y estrías.

“Cuando empezamos, nosotros disparábamos para cualquier cliente, hoy hemos definido como público objetivo el ABC1, un mercado que valora la acción de este tipo de cremas”, explica Juan José.

Hoy el empresario también ha definido su idea de trabajar en conjunto con otros helicicultores, de modo de poder estimular el rubro mismo de la cría de caracoles. “La idea es que crezcamos asociativamente, así yo le vendo a mis clientes la baba de caracol del resto de los criadores… así todos ganamos, ellos porque pueden vender y yo porque soy capaz de responderles a mis clientes”.

www.caracolesalaobra.co.cc

Beneficios de la crema de caracol

Datos empresariales

La crema está fabricada con 20% de baba pura, lo que significa una mayor eficacia ante las cremas fabricadas con extracto de baba.

La baba de caracol tiene propiedades curativas, ya que es producida por este invertebrado para sanar sus propios tejidos y reparar su caparazón cuando se rompe.

-Disuelve tejido sobrante de cicatrices y ayuda al proceso de reconstrucción del nuevo colágeno.

-Restaura la piel haciéndola más joven y dejándola sin manchas.

-Combate virus, microbios y hongos.

-Cicatrizante y antiarrugas.

 
 
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