Marihuanazo: marcharon por la Alameda para tener una plantita propia
Multitud probó cannabis tipo Chaitén y quequitos verdes
A las dos de la tarde el frío dominical de Plaza Italia recibió a los primeros marihuaneros. Rastas con cintillos tricolores y artesas vistiendo un kilo de pañoletas se pusieron a la cabeza del desfile que organizaron para patalear por lo que creen un derecho que la ley no permite: que cada ciudadano pueda cultivar una plantita de marihuana en algún rincón de su casa.
A la protesta que convocó el colectivo “Cultiva tus derechos” se sumaron muy luego señoras, hippies del ayer y coches de guagua guiados por papás que querían aprovechar de fumarse un pito en la mitad de la Alameda, pero, obvio, como al comienzo había más carabineros que manifestantes, fueron pocos los que se atrevieron a delatarse con el aroma de la cannabis. Además, estaban más que prevenidos. Decía la convocatoria: “El porte y consumo de sustancias ilícitas en la vía pública están castigados por la ley... recordémoslo... aunque nos cueste... ni Holanda ni Argentina...esto es Chile”.
Los más avispados fueron previsores, sacaron sus quequitos de marihuana y pasaron vendiéndolos “a 500 y a mil”, aunque bien adelante iba un muchacho que gozaba como nadie con una humeante pipa.
“Censo canábico” A medida que la marcha avanzaba se iban sumando más invitados. Eran mil 300 a la altura del Diego Portales y gritaban “eh eh eh” para encender la tarde. El único que desteñía un poco era un tipo con megáfono que no paraba de transmitir. “Compañeros, sepan que está permitido fumar, pero no se puede comprar ni cultivar marihuana”. “¿Y entonces cómo lo hago po’h, huevón?”, le gritó de vuelta un manifestante.
Cerca suyo un genial lienzo decía “Las drogas no matan; la ignorancia, sí”. Y Nicole Guelard, una chica de 21 años, contaba su historia con la cannabis. “Fumo desde los 14 y nunca he parado de fumar”, explicó y reclamó porque no puede tener su autocultivo: “Estoy aburrida de tener que salir a comprar un paragua en una población en vez de tener una planta en la casa”.
El choclón siguió por la Alameda al son de unos tambores. Un rasta que echaba humo hasta por los pelos murmuraba que tenía “de la mejor”.
-¿De cuál fuma usted, amigo?
-De la Chaitén. Mire el humito. ¿Se parece, no?
Cuando la multitud dobló por calle Miraflores iba más prendida. El grupo musical “La bandita callejera” animaba a los últimos de la fila, que se quedaron aplaudiendo a unos ancianos que se asomaron a apoyar la causa desde el balcón de un edificio.
En el Parque Forestal, frente al Bellas Artes, ya eran tres mil los convocados, aunque el coordinador de la marcha, Paolo Vidal, jura que cuando empezó a oscurecer vio el doble y que, sumando a los que llegaron a la cola, eran más de seis mil.
Alegaba Vidal, porque la idea era una gran concentración en el Parque O’Higgins y la Intendencia Metropolitana no la permitió. Después surgió la idea del marihuanazo, que igual lo dejó contento. “Esto es un real censo canábico”, comentó con la cara llena de risa.
3
mil personas y un poco más fue la concurrencia en el Parque Forestal y sus alrededores.La volada de Cogollo Larraín y del tipo que se cree reo
Incondicionales en Plaza Italia
Cogollo Larraín es número pegado en las tocatas y eventos a favor de la marihuana. Por eso apenas se asomó en Plaza Italia lo empezaron a saludar como a estrella de cine.
Tiene 41 años y harto carrete en el cuerpo. “En los 80 se fumaba mucha más marihuana. Había menos tráfico y más consumo”, recordó nostálgico.
A unos metros Pablo Moya, vestido de reo, llevaba una pancarta pidiendo no criminalizar a los marihuaneros allí presentes. “Creo que tengo todo el derecho a tener una planta”, manifestó.
Este año ya ha ido a cuatro marchas con su traje de preso. “Lo he usado en hartas movilizaciones, porque me siento realmente preso al no poder llevar a cabo mis libertades personales”, dijo.