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Jaurías: los perros vagos se vuelven salvajes

Voraces, salvajes y -a veces- asesinos

L as Vertientes es un pueblo de veraneo de la comuna de San José de Maipo cuyas calles de tierra, casi siempre desiertas, son territorio de manadas de perros vagos. La mayoría fueron abandonados por sus dueños en ese lugar -más precisamente en el cruce a Pirque- creyendo que alguien se haría cargo de ellos. Pues no.

Una vez que dejan de depender de los humanos, los perros se agrupan para obtener alimento y en el proceso pueden volverse bastante peligrosos; algunos llegan incluso al “asilvestramiento”, término técnico para decir que se están volviendo salvajes.

Por ello no es muy recomendable pedalear, caminar ni mucho menos pasear a su perro por Las Vertientes. Pese a que en la municipalidad de San José de Maipo no constan denuncias de incidentes graves, está la posibilidad latente de que se formen jaurías. “No podemos intervenir directamente en el problema: no eliminamos perros ni tenemos un canil donde llevarlos por falta de recursos. Sí apoyamos a organizaciones que realizan esterilizaciones y controlan pulgas y garrapatas”, explica Alberto Alday, director de Medio Ambiente, Protección y Emergencias de la comuna.

En otras localidades chilenas pasa exactamente lo mismo. Caso típico son los pueblos del litoral central que pasan vacíos casi todo el año y donde cada fin de semana llegan perros que fueron “sacados a pasear” por sus dueños para no verlos nunca más.

Callejeros por derecho propio

Los perros abandonados son un problema importante de salud pública en nuestro país. Según cifras oficiales, de los cerca de 35.000 incidentes por mordeduras de perro que hay cada año, 30% corresponde a ataques de bestias sin dueño, lo que implica tratamientos contra la rabia y otras enfermedades.

Se trata de una verdadera plaga que ni siquiera es posible dimensionar cuantitativamente. Jaime Mañalich, Ministro de Salud, calcula que podría haber más de tres millones de perros vagos en Chile; según el veterinario y adiestrador Héctor Rojas la cifra no supera el medio millón, de los cuales 214 mil se concentran en la capital. Sea cual sea la cifra, la responsabilidad corresponde absolutamente a los humanos.

“A la conducta irresponsable de abandonar un perro, se suma la conducta bienintencionada -pero igual de irresponsable- de alimentarlo sin hacerse cargo de él. Cuando alimentas a un perro callejero o a varios de ellos formas un ‘nicho ecológico’ con recursos que les permiten vivir. Ellos se apropian del recurso y en sus cabezas asumen que es territorio propio, por lo que forman pequeñas ‘pandillas’ para protegerlo. No son jaurías tan eficaces ni jerárquicas como las de los lobos: si lo fueran estaríamos en graves problemas”, comenta Rojas. Esta lógica explica los ataques a otros canes y a personas que perciben amenazantes, como las típicas mordidas a los carteros. Por ello lo más recomendable y responsable es adoptar al perro e integrarlo a un hogar.

Llamado de la selva

Las jaurías también atacan por otras razones. Por ejemplo, si alguien quiere detener una pelea de perros frustra la conducta natural del animal de resolver el conflicto a través de la violencia. El can redirige entonces la violencia contra la causa de su frustración -es decir, la persona- y esto ocurre independientemente de que los perros tengan dueño o no. El ataque en Peñaflor que causó la muerte de dos mujeres en noviembre de 2010 obedece a este patrón.

3

millones

de perros vagos habría en Chile según estima el Ministro de Salud.

35

mil

incidentes por mordeduras de perro se registran aproximadamente cada año en Chile.


Perro chico, líder de la pandilla

Los grupos de perros, ya sean vagos o salvajes, establecen jerarquías de acuerdo a sus patrones de comportamiento y sus liderazgos pueden rotar según la situación. “No siempre el líder es el más grande ni el más fuerte. A veces la personalidad del perro termina imponiéndose por sobre estos factores”, explica el adiestrador José Manuel Leal.


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