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Un chileno peleará por ser el mejor para hacer malabares con la pelota

Diego Urzúa competirá en el entretiempo de la final de la Copa Libertadores

T enía apenas 15 segundos para mostrar su magia. El estadio Universitario de Monterrey estaba hasta las banderas. Era el entretiempo de la primera final de la Copa Libertadores entre los locales de Los Tigres y River Plate, de Argentina. Diego Urzúa, de 21 años, sabía que no debía equivocarse ni una vez para tener opciones de pasar a la final. Competía contra talentos argentinos, brasileños, costarricenses, mexicanos y colombianos. Todos campeones en sus países de free style en el dominio del balón.

“Tenía que tener cuidado con el piso que estaba muy resbaloso y también con el viento que era muy fuerte. Para evitar caerme, me enfoqué en dominar la pelota con la cabeza, lo que me dio un buen resultado”, relató desde el hotel en que se hospedaba en México.

Tan buen resultado le dio que los jueces lo eligieron como uno de los tres finalistas continentales, junto con un mexicano y un colombiano. El ganador será elegido el próximo miércoles en el partido de vuelta, en el estadio Monumental de River Plate. De ganar, Urzúa se llevará 6 millones de pesos y la posibilidad de seguir viviendo de su arte. Si no lo logra, tendrá que volver a su realidad. Y de lo que llama “mi realidad” es justamente de lo que Urzúa quiere huir a toda costa.

“Cuando chico era gordito y tenía muchos problemas para relacionarme con la gente. De repente, a los 14 años, me puse a jugar a la pelota y me di cuenta de que eso era lo mío. Justo además, por problemas familiares, estaba sumido en una depresión y sufría bullying en el colegio. Con el deporte empecé a adelgazar”, recuerda.

-¿La habilidad para manejar el balón es algo innato?

-Pienso que hay mucha constancia. Cuando empecé estaba 9 horas jugando baby fútbol. Me ponía los audífonos y me olvidaba de todo mientras entrenaba. A los 16 años, me topé con Gerardo Briones, que es como el pionero del free style en Chile. Jugamos en contra y me dejó en ridículo. Y eso que yo era bueno. Ahí me mostró esta actividad y desde ese momento lo tomé en serio.

Ahí Urzúa comenzó a transitar un largo camino. “Yo soy de población, de la Maule, en Renca. Y no siempre tenía plata. Por eso empecé a trabajar en los semáforos. Ahí, a veces, recibía un trato indigno, pero me hacía entre 10 a 15 mil pesos al día. Cuando me uní al grupo de free style Ataka me fui de los semáforos y me encaucé en esto. Ahora solo quiero representar bien a Chile”.

Ahora, Urzúa está a un paso de llegar a la cima y así poder escapar de su realidad.

“Cuando empecé estaba 9 horas jugando baby fútbol”

Diego Urzúa


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