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Diego Riquelme lo compró en $40 mil y gastó $3 millones en arreglarlo

Restauró un Fiat 500 del 62 y se lo cambiaron por un cero kilómetros

Michelle Raposo

E l ingeniero mecánico Diego Riquelme Andreskic (26) dice que pasó rabias, perdió pololas y dejó de lado decenas de carretes por una pasión que lo consumió durante tres años: la restauración de un Fiat 500 de 1962, que cuando llegó a sus manos –por apenas $40 mil- “era una basura”, confiesa.

Pero al final valió la pena el tremendo esfuerzo. En enero pasado, su joyita impactó tanto a un coleccionista que le hizo una oferta irresistible: se lo cambió por un modelo 500 Sport del año 2011, con última tecnología y avaluado en unos $12 millones.

Diego no lo puede creer todavía y asegura que todo se lo debe a su abuelo croata, quien le hablaba siempre del Topolino, porque cuando llegó a Chile como emigrante compartió con un italiano que tenía un Fiat 500. Pero él nunca había visto uno hasta que tuvo oportunidad de ver un reportaje italiano sobre Fiat. Ahí se encantó con el Cinquecento y comenzó a buscarlo por todos lados para comprárselo.

Gracias al dato de un amigo encontró dos autos, que le costaron 40 mil pesos cada uno. “Comencé a trabajar en el motor, para una asignatura de mi carrera y que al final fue mi trabajo de título. Si el motor cumplía con los parámetros y los contaminantes, entonces aprobaba”, cuenta.

“Era una basura”

Aunque la oferta de comprar dos vehículos por 80 mil pesos era buena, la restauración posterior fue extenuante. “El auto que compré era literalmente basura”, recuerda. Así que para dejarlo andando no solo gastó tres años de su vida, sino también tres millones de pesos. “Entre desabolladura y pintura fue un millón; en tapicería e interior, otros 500 mil pesos más, y en los documentos y la mecánica, al menos otro millón más”.

No era menor dedicarse a poner a punto un propulsor de 500 cc, con 32 caballos de fuerza y una tecnología que hoy está obsoleta. “Para comenzar, el motor de dos cilindros es enfriado por aire, no por agua ni refrigerado, así que no tiene radiador. Ocupa platino y condensador, y acá en Chile es difícil conseguir esos repuestos. Te dicen que por ser tan viejos no hay”.

Pero no solo lo arcaico del motor fue un obstáculo. “Lo más difícil de conseguir fueron las molduras, la insignia, el parachoques y los focos”, cuenta. Los pedía por internet a Italia, a una página de repuestos alternativos legítimos, ya que Fiat no sigue fabricándolos.

Sin embargo, aún quedaba un paso complejo: regularizar los papeles del auto. “Tenía la patente, pero tuve que hacer todo un trabajo de investigación para ver quién era el dueño. Resultó ser un señor ya fallecido, con ocho hijos, así que se hizo la posesión efectiva entre todos los hermanos”.

La gran oferta

Como los Fiat 500 antiguos en buenas condiciones son pocos, el modelito en cuestión pasó a ser un objeto preciado. Y cuando en su familia hubo problemas económicos, Diego Riquelme y su papá decidieron venderlo. Pusieron un aviso, pero en el ínterin las dificultades se solucionaron, y de pronto recibieron un llamado de Piamonte, concesionario de Fiat en Chile.

Raúl Dell’Oro, empresario descendiente de italianos y dueño de Piamonte, quería comprarlo porque era justo el modelo que le faltaba a su colección “más o menos grande” de autos de la marca, donde el más antiguo es un Spider de 1924. Le hizo dos ofertas al joven ingeniero, pero este al principio no aceptó. Igual quería conservar su obra de arte. Hasta que al final hubo una propuesta imposible de desechar: recibir un modelo Fiat 500 nuevo, año 2011, a cambio del restaurado.

Así, Riquelme terminó al volante de un auto con 7 airbags, asientos deportivos, techo de vidrio y climatizador, entre otros, y con la satisfacción de que su trabajo fue valorado. Dell’Oro, en tanto, asegura que “se merecía el auto nuevo” y adelanta que a futuro proyecta exponer su colección de valiosos clásicos de la casa de Turín.




16-06-2026