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El ex delantero de San Luis lleva quince años radicado en Estados Unidos

Pindinga Muñoz prepara arqueros en la ciudad de los fantasmas

Cesar Campos

J acksonville.- “Esa delantera que teníamos en San Luis, con el Pato Yáñez, el Pititore Cabrera y yo, fue una de las mejores. También estaban el Patato Martínez y Bahamondes. ¿Tú nos viste jugar? Yo creo que ni te acuerdas”.

Jorge Muñoz Luna llegó en 1999 a Jacksonville, al norte de Florida, Estados Unidos, a jugar por los Jacksonville Cyclones. Quizás el nombre no sea muy familiar, pero si hablamos de Pindinga Muñoz, inmediatamente se viene a la mente aquel delantero pequeñito y escurridizo que brillara en el equipo quillotano, en la UC, Huachipato, Wanderers, Cobreloa y Antofagasta.

A los 52 años, Pindinga cuenta que cuando le ofrecieron venir a jugar a Estados Unidos no lo pensó dos veces. “Cuando era compañero de Johnny Walker en Huachipato, le dije que me trajera a jugar acá. Al final firmé contrato por dos años. Mis hijos (Felipe, Natalia y Jorge, el Jota) me dijeron que nos viniéramos nomás. Yo quería que ellos aprendieran inglés. Así que con Ivonne, mi mujer, nos vinimos y estamos felices. Después el equipo quebró, pero me enamoré de San Agustín. Al estar acá te das cuenta de lo bella que es esta ciudad. Estoy contento”, dice el oriundo de Linares, quien enseña a jóvenes porteros en Estados Unidos.

Está atento a todo lo que pasa en Chile. “Así que echaron a mi compadre Marcelo Trobbiani. Y supe que Pablito, su hijo, quedó a cargo de Cobreloa. Yo lo conocí chiquitito. También lamenté la muerte del Flaco Claudio Tello”, dice Muñoz, quien sabe que la UC, equipo con el que fue campeón en 1987, anda a los tumbos.

Ahí fui campeón con el Nacho Prieto. Era un gran equipo. ¿Cómo estará el Arica Hurtado? Era un gran jugador el Negro. Debe estar más viejito que yo. Al año siguiente fui campeón con Cobreloa”; recuerda.

-Después tuvo un retiro con elástico.

-Tenía 28 años cuando decidí dejar el fútbol. Mi último equipo había sido Wanderers. Pero un año después, en Quillota, me dijeron que volviera a jugar en Tercera por San Luis. Acepté y fueron seis mil espectadores a vernos. Con eso pagaron la plantilla de todo el año. Más tarde estuve en Segunda con Audax y luego me llamó Nacho Prieto para que volviera a la UC. Después jugué en Antofagasta y Andrija Percic me llevó a Huachipato.

-Se le ve feliz.

-Es que San Agustín es una ciudad espectacular. Le dicen “la ciudad de los fantasmas”, porque es muy antigua y se cuentan muchas historias, y también está la famosa fuente de agua de la juventud. Nosotros vivimos primero en Jacksonville y el típico paseo es ir a San Agustín y nos enamoramos. Estamos hace seis años acá.

-¿Uno de sus hijos es su jefe?

-Claro, Felipe es el director de la escuela de fútbol Creeks Clash. Llegan como 2.500 niños a las escuelas.

-¿Y cómo es eso de que prepara arqueros del club?

-Estoy cuatro horas al día preparándolos. Cómo será que de tantos remates que hago estoy experto en tiros libres. Y al ángulo. Tenemos un programa con el que preparamos a los niños para la universidad y nos ha ido bastante bien. Estoy contento y mi familia también. El único que está un poco más lejos es mi hijo Jorge, quien se fue a Hawai a surfear.

-La última. No he podido averiguar por qué le pusieron Pindinga.

-Eso fue en Linares. Había un pajarito al que llamaban pitinga y a mí bautizaron Pindinga. Pero hay uno mejor. En España, cuando jugué en el Mallorca, me decían El Balazo.

-¿Por lo rápido?

-No, porque los españoles no me entendían cuando yo decía “al tiro” para allá, “al tiro” para acá. Por eso me pusieron El Balazo.

“En Mallorca me

decían El Balazo”

Jorge “Pindinga” Muñoz




18-11-2018