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La bailarina tuvo una experiencia extrema en la jungla boliviana para CHV

A Marengo casi se la come un cocodrilo en el Amazonas

Carolina Saavedra

E l tiritón subió por su columna cuando le dijeron que irían a buscar cocodrilos en la misteriosa noche que cubre el Amazonas. No importó, Gianella Marengo se armó de valor, todo, para hacer de una aguerrida Jane de la selva en las notas que grabó ahí desde el jueves pasado para el programa “Sinvergüenza” de Chilevisión. Y aunque iba en compañía del extremo Claudio “Rambito” Iturra, la bailarina casi pierde una pierna en las fauces de un saurio.

Se internó en la espesura del bosque selvático en silencio, sólo con el eco intimidante de los insectos, algunos monos y las hojas que pisaba al caminar. Iba con miedo, nada podía ser peor de lo que ya había visto en los tres días anteriores: “Zancudos prehistóricos, mosquitos por todos lados, lejanos gruñidos de un jaguar y hasta ranas en la taza del baño que me dejaron sin poder ir al baño”, cuenta Gía. Así que cuando llegó al bote de más de dos metros que flotaba en el río Yacuma, en Bolivia, se sintió segura.

La misión de esa jornada, según cuenta, Rambito “era trasladar a los cocodrilos. Como están en temporada muy seca, la gente local los pesca y los llevan a zonas más inundadas”. Hasta ahí a Gianella se le vino alguna de esas imágenes extremas en esos programas de animales que pinchó en el cable, pero que siempre terminan bien. De repente se iluminaron varios ojos en el agua: eran de un montón de cocodrilos esperando ser trasladados o, mejor dicho, a la espera de una presa.

En un banco de tierra se paraba uno de los reptiles. “Ahí hay uno , dijo Rambito. Yo lo encontré un poco grande para llevarlo en el bote, pero, bueno, ellos saben, pensé”, cuenta Gianella. Como en la barca iban además dos guías naturales del lugar, más Donato, el camarógrafo, Rambito lanzó una soga alrededor del animal de un metro ochenta de largo y muchos kilos de peso. “Con la ayuda de Donato lo subimos arriba del bote. Empezamos a amarrar el hocico y algo pasó”, cuenta Iturra. Gianella ahí hace un mea culpa, porque “yo les dije que le sacaran un pedazo de cuerda que le quedó en un ojo abierto y en ese movimiento el cocodrilo se zamarreó y se escapó”.

La salvadita

“Teníamos a un cocodrilo grande, enojado y moviéndose sin control adentro del bote, tampoco podíamos tirarnos al agua que estaba llena de cocodrilos”, recuerda Rambito. Entre contoneo y mordidas al aire incluidas, el reptil se abrió paso hasta la popa de la embarcación hasta donde corrió Gía: “Salí corriendo hasta el fondo, desesperada y como que venía hacia mí. Me rozó la pierna con sus fauces”.

Justo en uno de los saltos de la bestia, uno de los guías lo devolvió al río. Vino el posterior llanto de Marengo: “Pensé que hasta ahí nomás llegábamos, como había aprendido que esta especie caza de noche y de día toma sol. Me quería morir, fue terrible esa sensación de estar a merced de la naturaleza”.

Cuando le dijeron a Gianella que la aventura nocturna seguiría, la rubia se negó. Se salvó del cocodrilo, pero no de un mono ardilla. “Estábamos dándoles bananas, tenía como cinco monos encima mío y uno me mordió el dedo medio, igual eso no fue nada”, reflexiona.

5

días

estuvieron Gía e Iturra circulando por la selva.

Pensé que hasta ahí nomás llegábamos… Me quería morir cuando se soltó

Gianella de la selva




16-12-2018