Página: 38

Fotografías del artista peruano Fernando Gutiérrez se exhiben en la Galería Isabel Aninat

Increíble: el almirante Grau viene a Chile para recuperar el Huáscar

El autor ofrece estampas en las que el ilustre marino viaja acompañado por un sujeto vestido como superhéroe.

¿Qué pasaría si el almirante Miguel Grau resucitara en pleno siglo 21, sediento de venganza y decidido a recuperar el mando del acorazado Huáscar?

Esa delirante premisa es la base de la serie de fotos que el artista peruano Fernando Gutiérrez (más conocido como Huanchaco) ofrece, por estos días, en la Galería Isabel Aninat (Espoz 3100, comuna de Vitacura).

En su obra, que forma parte de una gran muestra colectiva de arte peruano contemporáneo, el autor recurre a los servicios de un sujeto muy parecido a Grau para plasmar las patéticas situaciones que el personaje sufre cuando viaja desde Lima hasta Talcahuano para apoderarse de la nave que comandó durante el combate naval de Iquique.

La travesía resulta ridícula por varias razones: el resucitado almirante –quien luce su característico bigote y su uniforme de marino decimonónico– carece de nave y tripulación, por lo que se ve obligado a pagar pasaje en una lancha llena de apacibles turistas equipados con trajes salvavidas.

Su único acompañante, en tanto, es un sujeto vestido con mallas rojas y capa azul y que responde al nombre de Súper Chaco. Se trata de un personaje creado e interpretado por el mismísimo artista Fernando Gutiérrez, y que durante los últimos años ha sido protagonista de una aplaudida y cotizada serie de pinturas hiperrealistas.

“Hace un par de años yo estaba haciendo fotos en la calle cuando me crucé con este señor, llamado Germán Seminario, quien es descendiente directo de Grau y además se le parece muchísimo”, relata el expositor.

“Él trabaja en el ministerio de Transportes de Perú y anda todo el tiempo vestido como Grau, como si estuviera en una performance que dura las 24 horas del día, y al verlo me di cuenta de que mi alter ego de ficción, es decir, Súper Chaco, no podía competir con esa realidad”, agrega.

Gutiérrez, de esa manera, convirtió al excéntrico individuo en figura central del proyecto, reservando para sí mismo el papel de fiel asistente disfrazado con mallas.

“Con este doble de Grau hicimos el recorrido completo desde Lima hasta Talcahuano, parando en ciertas locaciones para que yo hiciera un progresivo entierro de mi identidad de Súper Chaco. La idea era trabajar sobre mis propias heridas pero poniéndolas sobre las heridas de mi país, porque, como sabes, el Huáscar es una herida abierta para los peruanos”, explica el artista.

-¿Cuáles son tus heridas?

-Desde niño me tocó ser el segundón, porque, si a mi hermano le regalaban un traje de Batman, a mí me tocaba el de Robin. Lo mismo pasó ahora al encontrame nada menos que con Grau, y por eso en este trabajo hay una foto donde me afeitan, me cortan mi melena y me sacan el disfraz de superhéroe para ponerme un uniforme de soldado peruano de la guerra del Pacífico.


Antonio Gil

Las cavernas de la patria

L a isla Robinson Crusoe yace, con su solitaria forma de pistola pirata, olvidada en la inmensidad remota del Pacífico. Por ahí pasó un maremoto que la puso fugazmente en las noticias de diarios y televisores y radios, y un bicentenario nacional que la ignoró por completo, e inexplicablemente, en su clara magnitud de hito histórico documentado e indesmentible. Del tsunami se sobrepusieron sus habitantes, hombres y mujeres de acero, iniciando al día siguiente y en silencio la reconstrucción de sus casas y calles sin ayuda de nadie. Lo del bicentenario es algo más triste, pues, pese a ser el archipiélago la cuna intelectual de nuestra república, esa condición se le ha desconocido a Juan Fernández sistemáticamente.

Recordemos que tras la derrota de Rancagua, en 1814, centenares de patriotas fueron condenados a años de abandono en esta lejanía. Entre los desterrados allí figuran mentes preclaras como las de José Antonio de Rojas, Juan Enrique Rosales, Manuel de Salas, Martín Calvo Encalada, Juan Egaña, Francisco Pérez, Francisco de la Lastra, Agustín Eyzaguirre, José Portales, José María Argomedo, Mariano Egaña y los presbíteros Ignacio Cienfuegos y Joaquín Larrain.

En 1821, los avatares de nuestra historia llevaban una nueva carga de presos políticos a Juan Fernández. Se trataba esta vez de un embarque de partidarios de los hermanos Carrera, acusados de provocar una sublevación en contra del gobierno. Entre los presos venía nada menos que el padre de los Carrera. Está meridianamente probado que allí se fraguaron los primeros esbozos de nuestra Constitución y que la independencia de Chile encuentra en esas islas su cuna primigenia como nación independiente. Es allí, en las húmedas cavernas que les sirven de improvisado albergue, donde esos tenaces y harto anónimos padres de la patria soñaron el Chile del futuro. Grutas donde se debatía y se pensaba, convirtiéndose así Juan Fernández en un dínamo intelectual que ni el frío ni la lluvia ni el hambre pudieron detener. Una caldera de donde brotó la fuerza imparable que nos ha empujado desde allí hasta este bicentenario.

¿Por qué motivo no se destaca este hecho germinal de nuestra nacionalidad? ¿Qué pecado carga Juan Fernández para no ser reconocido como el monumento que es en la historia de Chile? Hoy un grupo de aguerridos isleños, encabezado por Raimundo Bilbao, gente preparada para las peores calamidades, soñando los mejores prodigios ha constituido una fundación que busca devolver a ese trozo de Chile el valor que se le ha secuestrado. Esa magnitud que, más allá de las langostas, los peroles, las vidriolas a las brasas y un par de estampas más o menos pintorescas en nuestro pobre imaginario colectivo, hace de ese lugar un reservorio de pensamiento ilustrado, de amor a la libertad, al conocimiento y a la fortaleza moral que permitieron, allá en la negra noche del tiempo, un amanecer en que el sol despuntó por sobre El Yunque, para alumbrar hacia muy lejos, hacia estos valles continentales, con su luz radiante, en los albores nuestra Patria Vieja.

¿Qué pecado carga el archipiélago de Juan Fernández para no ser reconocido como el monumento que es en la historia de Chile?


Paseo en lancha

La serie de fotos creada por Fernando Gutiérrez incluye una divertida toma en la que Grau viaja en una lancha para turistas.

“Hicimos esa imagen en Talcahuano, y eso fue lo más cerca que estuvimos del Huáscar: dimos vueltas alrededor del barco, mirándolo desde la lancha. Para el doble de Grau fue frustrante, porque él esperaba que le dieran trabajo como guía turístico en el acorazado”, relata el autor.